Los Veranos de la Villa completan su programación lírica de 2006 en Matadero Madrid con un ambicioso proyecto: traer al aire libre capitalino La Traviata, ópera señera y emblemática de Verdi y probablemente el título del teatro lírico más universalmente representado, en la versión del director y escenógrafo italiano Franco Zeffirelli (Florencia, 1923). Esta producción llega a Madrid respaldada por un continuado éxito que le ha llevado a coliseos emblemáticos como el Gran Teatro Bolshoi de Moscú.
La ópera de Verdi ha sufrido desde su estreno en el teatro La Fenice de Venecia, el 6 de marzo de 1853, un proceso de encumbramiento, tanto para su autor como para una cadena interminable de intérpretes que han encontrado en su partitura el vehículo para el estrellato. El libreto de Francesco Maria Piave está basado en el libro La dama de las camelias, de Alejandro Dumas hijo, una novelita tardorromántica que en su momento también alcanzó un notable éxito de lectura. La Traviata desde un principio despertó el interés de músicos y coreógrafos; además de la de Verdi, hay que citar la bellísima música homónima de Sauguet o los ballets, ya en el siglo XX, de Frederick Ashton y John Neumeller, entre otros. También Maurice Béjart montó su particular Traviata en Bruselas usando íntegramente a Verdi.
"Me he concentrado en las últimas horas de Violetta", dice el director
La escenografía es un contenedor de estados de ánimo, de heridas y esperanzas
Franco Zeffirelli comenzó a trabajar con La Traviata de Verdi hace muchos años, y poco a poco ha ido redondeando sus criterios sobre la obra y el personaje protagonista hasta llegar a esta producción que veremos en Madrid. "He querido concentrarme en las últimas horas de Violetta, aquellas en las que su vida gira hasta desmoronarse en torno a un vals de muerte", explica Zeffirelli, razonando sobre su montaje, donde sitúa al personaje en medio de un entramado de sombras desde donde llegan los planos del sueño y del pasado. La escenografía, según expresa Zeffirelli, es un contenedor de estados de ánimo, visiones de pesadillas, heridas y esperanzas. Ya en la versión cinematográfica del propio Zeffirelli, con la soprano griega Teresa Stratas y el tenor español Plácido Domingo, se vislumbraba este interés psicoanalista y retrospectivo.
La producción que viene a Madrid, articulada por la Fundación Arturo Toscanini, fue la ópera con la que el 24 de febrero de 2002 se clausuraron en el Teatro Verdi de Busseto (Italia)los actos dedicados al centenario de la muerte del compositor. A pesar de que la producción partía proporcionalmente del magro espacio que ofrecía el Teatro Verdi de Busseto, Zeffirelli ha sabido magistralmente trasladarla a grandes espacios, y de ahí su triunfo en Moscú en 2003, siendo, tras la visita de la Scala de Milán, en 1989, la más importante de una institución musical italiana a Rusia.
Franco Zeffirelli comenzó su carrera alrededor de Shakespeare y de los clásicos italianos y, en paralelo, desarrolló su carrera de director y de escenógrafo de talento; acumuló una experiencia riquísima al ser asistente entre los años cuarenta y cincuenta de directores como Antonioni, Vittorio de Sica, Roberto Rossellini y, sobre todo, Luchino Visconti, que le eligió, además, como escenógrafo para su histórico montaje de Un tranvía llamado deseo.
La pasión de Zeffirelli por La Traviata ha ido aparejada a su veneración por la soprano María Callas, a quien dirigió en Dallas en la temporada 1957-1958. Les unió una profunda amistad y la legendaria soprano se convirtió en protagonista ideal de la última película de Zeffirelli: Callas forever (2002), dedicada a los últimos años de la vida de la artista y donde se especula con su vuelta a los escenarios.
La Traviata del Matadero cuenta con la colaboración como director de escena de Marco Gandini, un joven y talentoso regidor que ya antes ha trabajado con éxito en el Teatro Real. Además de la Orquesta y el Coro de la Fundación Arturo Toscanini, la parte coreográfica está encomendada a El Camborio, retomada por la bailarina Lucía Real, que estará acompañada en escena por importantes figuras españolas de última generación, como José Porcel y Mayte Bajo. El vestuario original de Alberto Spiazzi, que ha recibido unánimes elogios de la crítica, parte materialmente de los lujosos tejidos de la firma Etro y ha sido realizado íntegramente en sastrerías romanas, con la excepción de los trajes de los toreros, que han salido de la madrileña sastrería de Justo Algaba.
En el reparto destacan Svetla Vassileva, en Violetta, y Roberto Aronica, en Alfredo Germont. Zeffirelli, en otra ocasión, ha dicho de este montaje y de su escenografía: "A través de las transparencias que facilitan el avance de las escenas, confío en que el público sabrá percibir el espíritu de esta historia eterna y que el montaje restituya a los espectadores la conmovedora y profunda humanidad que Verdi modeló de forma indeleble en su música y de la cual, hoy más que nunca, nuestro frágil mundo moderno está desesperadamente necesitado".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de agosto de 2006