Un año de lucha por la vida, hasta que se impuso la muerte. Un año en una cama de hospital -en la unidad de cuidados intensivos- con la mente lúcida y el cuerpo abrasado. Quemado porque su marido la roció con líquido inflamable y le prendió fuego con un mechero, tras incumplir la orden de alejamiento. La muerte de Vanessa Rodríguez, de 26 años -hoy será enterrada en Madrid- deja huérfanos a un niño de cinco años y a una niña de cuatro: sus hijos. "Ella era una luchadora. Hacía todo por sus hijos. Me decía 'yo los saco adelante", relata su abogada, Rosa María Urraca.
"Vanessa no tenía miedo de lo que pudiera hacerle el marido. Lo que sí temía era que él quisiera hacerle daño a ella a través de los niños", relata la letrada. Erró. El 30 de julio de 2005, su cónyuge, Horacio Barcos, de 29 años, se acercó a ella en una calle de Puertollano (Ciudad Real). Le dio un beso, la roció con líquido inflamable y acercó el mechero, según relataron los testigos. El marido fue detenido poco después. Desde entonces permanece en la cárcel de Herrera de la Mancha a la espera de juicio.
"Cuando la respuesta era afirmativa, ella cerraba los ojos. Para negar, movía la cabeza"
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Desde entonces también -y hasta el pasado sábado-, Vanessa Rodríguez permaneció ingresada en estado grave en la zona de cuidados intensivos de la unidad de grandes quemados del hospital de Getafe (Madrid). Allí ingresó con el 61% del cuerpo abrasado. "Ella ha permanecido todo este tiempo consciente, lúcida", relata la letrada, quien asistió a la visita de una comisión judicial de Puertollano. "Le tenían que hacer preguntas. Cuando la respuesta era afirmativa, ella cerraba los ojos para asentir. Para negar, movía la cabeza". Dice que la mujer lograba hablar, aunque con una voz "muy ronca". "Su madre era la que mejor la entendía", añade. En la cama del hospital, Vanessa Rodríguez concedió una entrevista a una cadena de televisión. Se expresaba con dificultad. Su progenitora, Josefa García, acudió al plató.
La madre de la mujer herida pasaba muchas horas a la cabecera de su hija, que padecía graves lesiones internas a consecuencia de la agresión. Al tiempo, Josefa García cuidaba de los dos nietos, cuya custodia provisional ha logrado.
Los niños y el intento de reconciliación con su pareja llevaron a Vanessa Rodríguez a volver con su marido después de haberle denunciado por malos tratos el 8 de junio de 2005, relata la abogada. A consecuencia de aquella denuncia, el hombre fue obligado a mantenerse alejado 200 metros de su esposa. Ella intentó, sin éxito, que la juez levantara esa medida. La policía no vigiló que se cumpliera el alejamiento porque, según insistió ayer la Subdelegación del Gobierno en Ciudad Real, "nunca se recibió la notificación del juez". En medios judiciales afirmaron desde el primer momento que sí se comunicó la orden a la comisaría.
En el momento de la agresión, la orden de alejamiento seguía vigente.
Pocos días antes de ser agredida, Vanessa Rodríguez tenía claro que la reconciliación era imposible. Había vuelto a convivir un par de días con el marido, quien protagonizó un acto violento en el bar donde ella trabajaba. La mujer decidió divorciarse. "Ella vino a verme y me dijo 'adelante, Rosa'. Presenté la demanda de divorcio a finales del mes julio", relata la abogada.
Vanessa Rodríguez será enterrada hoy en Madrid. Su madre aseguró varias veces que su hija no volvería nunca a Puertollano. Ayer sus familiares la velaban entre lágrimas en el Tanatorio Sur de Madrid. También conmovida, la abogada cambiará la calificación, "de intento de asesinato, a asesinato".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de agosto de 2006