El desfile de Josep Font ayer tarde en un emblemático emplazamiento a medio camino entre la plaza Vendôme y la calle Saint Honoré simboliza, en cierto modo, su cristalización estilística. Depurado, bien cosido, con patronaje de esmero y meditación, una gama cromática estrecha y un uso racional del recamado, su búsqueda de una silueta propia y la apuesta por la unión de lo vernáculo con lo futuro son las matrices de su nueva colección con las propuestas para el próximo invierno, una sucesión admirable de prendas tan diferentes e individualizadas como conectadas por una propia voz formal.
A Font ya se le reconoce en sus prendas y ha ido lejos sobre el estudio de los trajes populares castellanos; el diseñador barcelonés ha trazado un rico fresco donde no falta invención, modernidad y poesía.
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Del negro salmantino se pasa al azul klein o del rojo vital a la transparencia tamizada; de los tejidos de tradición como las lanas planchadas y bordadas, los terciopelos devoré o las blondas evanescentes, a los aportes tecnológicos de la organza barnizada o el tramado del lúrex o los laminados de reserva.
Todas estas asociaciones se producen sobre dibujos muy detallados donde la silueta triangular se impone, ya sea de talle alto o en abrigos cortos de impacto, y en chaquetas de ruedo oval. Tanto estas prendas como los minivestidos están regalados por la luz del cristal, la pasamanería de tradición o el collage con la blonda plata. A las piedras de color hay que añadir el uso que hace el diseñador del cristal negro de Swarovski, ya sea en forma de cruz, estrella, facetado o como grandes cabujones que se vuelven cenefa de cuello o cornisa de cintura.
Rico en su mundo formal, Font es una excepción en el diseño de moda español contemporáneo tanto por su sentido de integración estilística como por el acople informativo; desde los leggins bordados a los zapatos, todo está entonado en una particular visión de lo español universalizado por la moda de tendencia. No hay lugares comunes y cuando aparece algo como la tela de topos está usado con tal genialidad que merece reverencia. De ejemplar puede calificarse su búsqueda que roza lo antropológico (puede pensarse en Caro Baroja, García-Matos o Salazar) al tratar las esclavinas pluviales de boda, los delantales simulados o las falsas enaguas de tradición.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de marzo de 2007