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Reportaje:Fútbol | Liga de Campeones: ida de los cuartos de final

Mourinho, como siempre

El técnico del equipo londinense intenta calentar el ambiente al distinguir el fútbol inglés, al que califica de "puro", del latino

El fútbol de clubes vive en Inglaterra un momento dulce. Una Liga espectacular y tres equipos metidos en los cuartos de final de la Champions. Se lo debe en gran parte al mestizaje en la Premier en los últimos años, a una mezcla de estilos derivados de la presencia en la competición de futbolistas y técnicos de razas y culturas diversas. Tres de los cuatro mejores conjuntos están dirigidos por entrenadores latinos: el francés Arsène Wenger, en el Arsenal; Rafa Benítez, en el Liverpool, y el portugués José Mourinho, en el Chelsea. Alex Ferguson es una isla en el Manchester United. Así que venir otra vez con el cuento, como lo hizo ayer Mourinho en el mismo tono plañidero del curso pasado frente al Barcelona, de que el fútbol inglés "es puro", en contraste con el latino, llama la atención. Lo dice, se supone, con la intención de presionar a la UEFA para conseguir algún trato preferencial en sus arbitrajes hacia este representante del deporte impoluto que, en su opinión, es el Chelsea. Lo dice The Special One (el especial), como le llama burlonamente la prensa inglesa, para obtener alguna ventaja psicológica.

"Aquí nadie hace trampas. Pero en los torneos europeos ocurre a veces y hay que estar preparado"

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"Es diferente con un equipo latino. Aquí nadie hace trampas. Es un fútbol puro y todos se respetan, pero en los torneos europeos ocurre a veces y hay que estar preparado", declaró ayer el técnico del Chelsea al ser preguntado por la tangana ocurrida al final del Valencia-Inter, en Mestalla, el seis de marzo.

Habla Mourinho de un fútbol, el inglés, tan limpio que ha dado cobijo hasta hace poco tiempo a un jugador, Roy Keane, que reconoció haber lesionado a otro a propósito. Sin ir tan lejos, un tal Hunt, del Reading, rompió la cabeza a Cech, precisamente el portero del Chelsea, por no saltar por encima de éste en su salida. Y Rooney, en la reciente Copa del Mundo de Alemania, clavó los tacos de su bota en el muslo al portugués Carvalho, que se encontraba indefenso sobre el césped.

Pero los lloriqueos de Mourinho (Setúbal, 1963) no se limitaron ayer a eso, sino que también quiso ser el que más lesionados arrastra y el más castigado por la fortuna, síntoma de que se siente inseguro ante el conjunto de Quique Flores. De que le teme. Cuando se le apuntó que el Valencia suma muchas bajas, Mourinho despreció de esta guisa a algunos de los valencianistas ausentes: "Si me hablan de Gavilán, Edu..., yo puedo hablar de mi cuarto portero, que está lesionado. Hablemos de Morientes, Marchena o Baraja, aunque éstos dos últimos tampoco jugarían juntos. Realmente, serían dos bajas. Yo tengo a Robben, Éssien y Joe Cole. Si pudiera hacer que jugaran todos los del Valencia a cambio de poder jugar yo con Robben y Éssien, lo haría".

Ante un Manchester intratable en la Liga, Mourinho sabe que la Champions es su última bala para salvar una temporada que, probablemente, será la última suya al frente del Chelsea. Así lo indica su pésima relación con el dueño del club, el ruso Roman Abramovich. Así se lo cantaban el sábado los hinchas del Watford: "¡Serás despedido en el verano!". Mo cuenta con el apoyo de los pesos pesados del vestuario, con Terry y Drogba a la cabeza, pero no con el del director deportivo, el danés Frank Arnessen, ex valencianista.

En eso, por cierto, Quique sí se puede sentir identificado con su rival. El técnico del Valencia ha tenido que remar todo el curso con la colaboración de sus futbolistas, pero contra la corriente de la dirección deportiva, es decir del italiano Amedeo Carboni, y del presidente, Juan Soler.

"No hay un equipo organizado sin que detrás haya un buen entrenador", dijo Mourinho a modo de piropo hacia Quique, cuyo principal referente es Benítez, gran adversario del portugués en la Liga inglesa. Arnessen, por su parte, mantiene una buena relación con el actual seleccionador de Rusia, el holandés Guus Hiddink, quien ya ha expresado sus deseos de entrenar en Stamford Bridge. Fue precisamente el magnate Abramovich quien le abrió el camino hacia Rusia.

A Mourinho también se le preguntó por Villa, el delantero del Valencia que está siendo seguido desde hace meses por el Chelsea. De hecho, el ojeador del club londinense en España no es otro que Juan Cruz Sol, lateral derecho del Valencia y del Madrid en los años 70, que ha recomendado el fichaje del goleador asturiano. "Es un gran jugador y puede jugar en un gran equipo, pero el Chelsea no lo quiere porque tenemos dos delanteros que también son muy buenos

[Drogba y Schevchenko]. Y me parece que el precio es de locos

[la cláusula de rescisión es de 150 millones]. Y el Chelsea ha terminado de pagar precios de locos", enfatizo Mo. En efecto, Abramovich ha decidido abandonar su política de grandes dispendios para empezar a reducir la deuda del club.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 4 de abril de 2007