"Hasta mañana no sabré con certeza si saldré en la primera posición". Lo dijo cuando ya se marchaba hacia su habitación, en el motorhome de McLaren Mercedes, con esa cara sonriente tan suya, mitad satisfacción, mitad ironía. Fernando Alonso estaba contento. Acababa de superar a sus rivales en la última cronometrada y de asegurarse la segunda pole position del año, la 17ª de su carrera, después de la alcanzada en Montecarlo.
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Pero en su mente reapareció el fantasma de lo ocurrido hace unas semanas, cuando fue también el más rápido en Hungría y acabó saliendo sexto, tras ser sancionado por los comisarios de la Federación Internacional (FIA). No hay motivos para pensar que aquella situación pueda reproducirse. En Monza, las cosas fueron por otros derroteros. No hubo discusiones entre los pilotos, no hubo órdenes de equipo, no hubo exclamaciones irrepetibles entre Lewis Hamilton y Ron Dennis. Todo el mundo acató el dictamen de la pista. Y el veredicto fue esta vez que Alonso les superó a todos. Realizó su mejor vuelta en el primer intento de la tercera tanda de la cronometrada y nadie le pudo igualar. Al final, ya con el cronómetro a cero, tanto Hamilton como Alonso rodaban en su último intento. El británico se quedó a 37 milésimas del español. Alonso respiró entonces tranquilo y levantó el pie del acelerador porque había fallado en el segundo sector y renunciaba a seguir forzando su máquina al no tener posibilidades de mejorar su anterior tiempo. Los Ferrari, mientras tanto, quedaban lejos, como todo el fin de semana, ante el quinto doblete de McLaren en los entrenamientos sobre doce carreras.
Alonso se había mostrado el más rápido no sólo el viernes, sino también ayer en las tres tandas de la cronometrada. "Da la sensación de que somos más rápidos, pero no hay que fiarse", comentó; "en Hungría parecía lo mismo y Raikkonen presionó a Hamilton hasta el final". Ocurre que Massa, el mejor de Ferrari, quedó a seis décimas de Alonso y Raikkonen acabó por detrás de Heidfeld. El piloto finlandés, sin embargo, sufrió un terrible accidente en la sesión libre matinal, cuando su coche cogió un bache a 330 km/h, se levantó y perdió la fuerza aerodinámica en la curva Ascari. Aunque contravolanteó con rapidez y pisó el freno con fuerza, el coche se le fue a la derecha, directo hacia el muro, y se estrelló contra las gomas. Destrozado el monoplaza, pudo salvar el motor y disputar la cronometrada con el coche reserva.
La plana mayor de Ferrari, con Montezemolo y Schumacher al frente, había acudido a Monza a una jornada gloriosa y organizaron la mejor de las escenografías con los carabinieri avisando de la citación judicial a los jefes de McLaren por el caso de espionaje, pero nada les salió bien. Monza es territorio rojo, de ahí la cara de Alonso, que el año pasado fue sancionado sin razón por perjudicar a Felipe Massa en su vuelta rápida. Así que su desconfianza era normal. "Quedan cinco carreras, cinco finales, y cinco puntos me separan de Hamilton", concluyó el español; "dependo de mí. Me alcanza con acabar delante de mis rivales en cada carrera. Lo daré todo, como si fuera la última carrera". Alonso es imparable cuando encuentra un punto de motivación añadido y su situación en McLaren le invita a ser incontenible.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de septiembre de 2007