La grada se levantó y Lewis Hamilton alzó los brazos aún dentro de su McLaren. El piloto británico, de 23 años, cruzó primero la meta en la carrera que se disputaba en su casa, en el mítico circuito de Silverstone, y no logró contener su emoción. "¡He ganado! ¡Lo he conseguido!", se repetía mientras su equipo le felicitaba por radio. Hamilton -que no había puntuado en las dos últimas carreras- fue criticado el sábado cuando perdió la pole víctima de sus errores, y se le cuestionó que llevara una vida pública demasiado activa que perturbaba su carrera. Sin embargo, todo aquello quedó olvidado ayer. El británico fue profeta en su tierra, y pasó de un golpe a compartir el liderato del Mundial.
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La séptima victoria de su historial le llegó a Hamilton en una carrera loca que le permitió demostrar su calidad de pilotaje. Fue el mejor. Realizó una salida espectacular, superando a Webber, y le peleó el liderato desde la primera curva a su compañero Kovalainen, que sólo pudo contenerle durante cinco vueltas. Aquello era una exhalación, un hombre poseído pero con la cabeza suficientemente clara como para mantener el coche en la pista, en unas circunstancias de lluvia, a veces extrema, en las que los demás pilotos sucumbían. Se salieron Webber, Massa (en seis ocasiones), Raikkonen (dos veces), Kovalainen, Kubica (acabó abandonando), Sutil, Piquet...
Sólo el Ferrari de Raikkonen parecía poder luchar con la agresividad del británico, mientras que Fernando Alonso, por detrás, se sentía como pez en el agua sobre mojado y empezaba a amenazar a Kovalainen. Pero mientras Hamilton mantenía intactas todas sus expectativas tras el primer repostaje, Raikkonen y Alonso perdían sus opciones al decidir sus equipos no cambiar sus gastados neumáticos intermedios, ya casi sin dibujo, esperando que el tiempo mejorara. Un error de peso que arruinó a ambos. Aquellos neumáticos se convirtieron en inconducibles cuando, tres vueltas después, regresó la lluvia. "Las previsiones del equipo eran que no llovería de nuevo", explicó Alonso tras la carrera; "pero, cómo no, a los cinco minutos estaba lloviendo". Si hubieran acertado, tanto el asturiano como Raikkonen habrían tenido opciones incluso de ganar, porque los neumáticos les habrían permitido arrebatar hasta cinco segundos por vuelta a Hamilton. Pero no ocurrió. Y tuvieron que volver a sus garajes seis vueltas más tarde.
Acertó, en cambio, Nick Heidfeld, que sí cambió neumáticos, y sobre todo Ross Brawn, el director de Honda, que decidió colocar neumáticos extremos a sus dos pilotos antes de que apareciera la lluvia. Aquello permitió a Barrichello hacer una remontada espectacular que le llevó de la novena posición a la segunda en sólo seis vueltas. Les sacaba 10 segundos por giro a sus rivales y así pudo avanzar a Alonso, Trulli, Heidfeld y coger la diferencia suficiente para parar en la 46ª vuelta sin ceder más que una posición, a Heidfeld.
El podio fue impensable. Ni Heidfeld ni Barrichello -los únicos a los que Hamilton no llegó a doblar- habrían subido al cajón sin los errores de Ferrari y Renault, que relegaron a Raikkonen (cuarto) y a Alonso (sexto). Pero estas situaciones, preocupantes, se vienen repitiendo en las últimas carreras. Lo inamovible, sin embargo, es que Hamilton mereció la victoria... y que con 48 puntos ya lidera el Mundial junto a Massa y Raikkonen.
Lewis Hamilton, en el Top 100 Deportes
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de julio de 2008