Un atentado suicida contra un restaurante de Kirkuk, en el norte de Irak, mató ayer a 55 personas y causó heridas a 95. En el momento del ataque, el más sangriento en los últimos seis meses en el país árabe, jefes de tribus locales comían con representantes del presidente iraquí, Yalal Talabani. Ninguno sufrió daños. El terrorista hizo estallar su carga explosiva en otra sala, llena de familias que celebraban la fiesta musulmana del sacrificio.
En la imagen, algunas víctimas son trasladadas al hospital.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de diciembre de 2008