Las protestas de los universitarios toman cada vez más fuerza en la Comunidad de Madrid. El miércoles, cerca de 200 personas se encerraron en el rectorado de la Universidad Complutense. Ayer, alumnos de Bellas Artes, Medicina, Ciencias Físicas, Ciencias Políticas, Ciencias de la Información y Educación tomaron sus respectivas facultades. En la Universidad Autónoma, medio centenar de alumnos se encerraron también en el rectorado. Y en la de Alcalá de Henares, los estudiantes protestaron pacíficamente apostándose en la facultad de Filosofía.
Los universitarios están dispuestos a aguantar, con sus macutos y sus esterillas, hasta que los rectores se comprometan a hacer un referéndum vinculante entre la comunidad universitaria para decir sí o no a Bolonia. Aunque para ellos no cabe duda del resultado: el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), conocido como el proceso de Bolonia, es pernicioso para la universidad pública porque la somete a la empresa privada. Además, acusan a los rectores y al Gobierno de no informarles.
"Cada día estamos más movilizados. Y no sólo aquí: Barcelona, Valencia, Sevilla... El movimiento tiene fuerza en muchas universidades españolas", presumió ayer Olga Arnaiz, de 24 años y miembro de la Asamblea de Estudiantes. Sus encierros, asegura Arnaiz, no responden al clásico de saco de dormir, guitarrita y echar una cabezada de vez en cuando. Ellos se apostan en un edificio a la "japonesa": organizan comisiones (de pancartas, de prensa, de textos, de pasaclases...) para protestar de una manera organizada. Aunque también duermen, en las "zonas de silencio". Y al día siguiente, todos a clase, para dar ejemplo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de diciembre de 2008