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CARTAS AL DIRECTOR

Créditos dudosos

Benissa, Alicante

Antes de que caigamos en un frenesí colectivo sobre una de las profesiones más proscritas y más codiciadas de Occidente, antes de que nos deleitemos con la idea de que los magnates financieros sean arrastrados, alquitranados y emplumados por las calles o que, por lo menos, sean paralizados para siempre con una armada de nuevas leyes y reglamentos, no deberíamos perder de vista un simple entendimiento. La crisis hipotecaria no empezó en los despachos de los oficinistas de los bancos. Empezó desde abajo, con los innumerables compradores de inmuebles, de los jugadores de azar y tomadores de créditos, los cuales vivían alegremente y a sabiendas por encima de sus posibilidades.

Los pequeños ahorradores nunca han sido forzados por asesores bancarios opacos a endeudarse con créditos dudosos. Tampoco los traficantes de armas inician una guerra, tampoco es culpa de los empleados de un banco hipotecario que me arruine a causa de mi arrogancia. El lamento de la masa de los insolventes es de hipocresía notable. Esa gente, que vivió durante años avariciosamente a lo grande de prestado, reprocha ahora avaricia a los que les dieron el dinero imprudentemente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de diciembre de 2008