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CARTAS AL DIRECTOR

Reformas estructurales

Como bien se suele decir, a perro flaco todo se le vuelven pulgas. Hace algunos años ya se señalaba que la bonanza del sector de la construcción no iba a ser infinita: en algún momento el modelo tenía que agotarse.

Sin embargo, en una muestra de cobardía (o de intereses particulares), ningún Gobierno ha sido capaz de introducir medidas estructurales que, a pesar de haber ralentizado el crecimiento español a corto plazo, hubiesen preparado a España para un desarrollo de sectores más productivos que el ladrillo como base de crecimiento. Y no pecamos de suspicacia si observamos que, lo que precisamente interesa a los políticos para ganar las elecciones, es el corto plazo.

A este ajuste que habría de producirse se ha añadido un panorama internacional negativo, cuyo principal damnificado, el sector financiero, es una de las piedras angulares de cualquier economía moderna. Como resultado de ello, dicho ajuste que habría de producirse en la economía española crece en brusquedad.

Aún me extrañaría que, después de este simple razonamiento, el informe que emitió ayer el FMI pillase de sorpresa a nuestros dirigentes (aunque tampoco me parecería extraño si volvemos a pensar de modo suspicaz).

Efectivamente, el hecho de no hacer los deberes en su momento acarrea consecuencias. La falta de reformas profundas en el mercado laboral o la escasez de desarrollo de los sectores dinámicos se está poniendo de manifiesto de la peor forma posible. A ello, el Gobierno sólo es capaz de responder con nuevos "parches" coyunturales que dejar de nuevo la tarea pendiente en cuanto a reformas en profundidad se refiere.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de diciembre de 2008