Baltar aún tiene fuelle. El presidente orensano, que lleva años amagando con abandonar las riendas del partido, medita volver a presentarse al congreso previsto para antes de fin de año. Alcaldes y cargos del PP orensano ya dan por hecho que registrará su candidatura salvo en el caso de que cuaje la propuesta de un candidato de transición: un baltarista aceptado por el sector oficial del partido. Y todos miran hacia el portavoz del PP gallego, Antonio Rodríguez Miranda, Toñito de Allariz, como acostumbra a llamarlo el sempiterno barón orensano, aunque ahora sea de hecho el número tres del partido.
Baltar lleva años anunciando que se va, sin irse. Los mismos que presentándose a los continuos congresos en los que sale elegido por aclamación. En Ourense, él es el PP: el largo millar de fieles empleados en la Diputación, sus entregados alcaldes -muchos de ellos tambien con sueldo, ellos o sus familiares, en la institución- y sus abrumadores resultados son decisivos en las mayorías del PP gallego.
"Los alcaldes que apoyan al barón no confían en su hijo", dice un veterano
Baltar Blanco se apoya en Facebook en su indisimulada campaña de imagen
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Ahora no sólo ha empeñado el dirigente provincial su palabra. Tras su elección como presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo aceptó públicamente su renuncia y los populares orensanos comenzaron a preparar el congreso de la renovación, previsto para antes de fin de año. Están convencidos de que, ocurra lo que ocurra, "queda Baltar para rato".
El PP de Ourense sólo baraja dos opciones: que el presidente provincial insista en presentarse o que acepte una candidatura de consenso para llevar a cabo la transición hacia el PP sin Baltar. Este sería el mejor escenario posible para el sector oficialista. "Su hijo
[el vicepresidente del Parlamento, José Manuel Baltar Blanco] no tendría ni los apoyos de los alcaldes fieles al padre", sostienen los contrarios al presidente provincial, convencidos de que "pese a la campaña de imagen que le están haciendo" no se expondría a presentarse.
La batalla sólo ha empezado. En cuanto Feijóo llegó a la Xunta, José Luis Baltar comenzó su estrategia para apuntalar el poder provincial. "No es por él, que está deseando marcharse, quiere dejar atada la sucesión de su hijo", sentencia un veterano militante.
La controvertida carta firmaron sus alcaldes para mostrar la fortaleza del barón y denunciar la "humillación" de la Xunta a Ourense es una primera muestra de la lucha que empieza a librarse. Abortada su pretendida demostración de fuerza, el sector baltarista se centró en la "campaña de imagen" de Baltar Blanco y en el intento por anular el papel del superdelegado orensano, Rogelio Martínez.
El hijo de Baltar, que comenzó la legislatura con el órdago al PPdeG sobre la reivindicación del galleguismo -en el seno de una "fábrica de ideas" para demostrar la "contribución del PP de Ourense" al Gobierno de Feijóo- acabó reivindicándose con un perfil más oficialista.
Primero se desmarcó de los firmantes del escrito; después desfiló ante la prensa local acompañando periódicamente a alcaldes en sus visitas a la Xunta y más tarde se volcó en elogios a Feijóo, de quien ahora aplaude su "nueva forma de hacer política" frente "a los anuncios y humo del bipartito". Siempre atento a las nuevas tecnologías, últimamente difunde las miles de felicitaciones recibidas en su página de Facebook.
Por si su manera de entender el poder y el reparto de fondos no fuera suficiente para amarrar sus apoyos internos, Baltar padre convocó nuevas oposiciones en la Diputación que acabaron empleando a hijos o familiares de los regidores que habían distribuido el escrito con la supuesta afrenta. También recurrió al saco de la Diputación y ha distribuido tres millones de euros entre ayuntamientos, fundamentalmente del PP, y asociaciones diversas mediante asignaciones nominales que no pasan control técnico, además de otros dos millones procedentes de fondos europeos.
Baltar, quien en octubre cumplirá 69 años, mantiene con mano firme el poder provincial sin intención de abandonar su despacho. Y el PP de momento se conforma con un traspaso de poder orgánico para colocar al frente de la provincia a una persona joven sin demasiado pasado, "como en el resto de España". Que Baltar se quede al frente de la Diputación sólo tiene ventajas a corto plazo para los populares: "Sería impensable que su hijo se quedara a dirigir el partido", sentencian los oficialistas convencidos de que "nadie entendería semejante reparto de poder". Sería la enésima solución provisional.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de agosto de 2009