Su última esperanza después de que el Tribunal Supremo de EE UU diera luz verde a la aplicación de la sentencia era que el todavía gobernador de Virginia, el demócrata Tim Kaine, parase la ejecución. Kaine denegó la petición de clemencia, por lo que a las nueve de la noche de ayer (madrugada de hoy en la España peninsular), el francotirador John Allen Muhammad debía morir por inyección letal en la penitenciaría de Greensville, Jarratt (Virginia).
Muhammad sembró el terror durante semanas en 2002 en la región de Washington, capital de la nación, y acabó con la vida de 10 personas, a las que elegía de forma aleatoria y mataba de un solo tiro con un rifle, desde una cómoda distancia. Muhammad, de 48 años, contó entonces con un cómplice adolescente, Lee Boyd Malvo -de 17 años, hoy 24-, que cumple condena a cadena perpetua en Virginia.
La prisión de Greensville ha tenido que adecuar sus instalaciones para acomodar en la sala de ejecuciones a todos los familiares de las víctimas que reclamaban su derecho a ver morir al asesino de sus seres queridos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 11 de noviembre de 2009