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AL CIERRE

¡Todo saldrá bien!

Leía en estas mismas páginas el artículo de Joan Majó, quien dice que es necesario corregir el desequilibrio entre Cataluña y Alemania para estabilizar la economía del continente y evitar una crisis en la Unión Europea.

Realmente me declaro incompetente en material económica, lo único que puedo narrar son las peripecias que hemos pasado en las últimas semanas colaborando para una agencia de Alemania a la que hubo que convencer de que se podían realizar audiovisuales en Cataluña con talento local con la misma eficacia y calidad que en el país germano.

Lo primero que resolver era el idioma. Así que empezaban los desequilibrios: "¿Nadie habla inglés?". "No, mire, sólo castellano y catalán, quizá algo de griego ¿No le sirve?", al menos se podrá cotillear sobre cómo lleva la tragedia griega Papandreu, que anda espapantadísimo.

¿Que se necesita una reparación urgente? Llamamos a un técnico y le decimos: "Esperad que pagaremos el doble". Al llegar a Sant Andreu, el técnico había salido a comer dejando un mensaje: "Regreso dentro de tres horas".

Había que tranquilizar a los germanos: "Usted sabe, la gastronomía en el Mediterráneo es muy importante. ¡Todo saldrá bien! ¿Que no hay productividad? ¿Que los empleados están somnolientos después de las comilonas? ¡Qué va! Cierran un poco los ojos porque el monitor tiene mucho brillo".

"¿Que por qué se van antes de tiempo? Hoy juega el Barça contra Stuttgart. ¡En Stuttgart no interrumpirán labores! Entiendo. ¿Que por qué no vino el montador? Abandonó el trabajo sin avisar. ¿Que no hay formalidad? No, mire, había que tranquilizar nuevamente al cliente, aquí la gente a veces se agobia, cambia de opinión, usted sabe, improvisa sobre la marcha tal como lo hace el Gobierno de esta nación, pero ¡todo saldrá bien!".

"¿Que se rompió un ordenador por defecto de fábrica? Ahora mismo voy a reclamar". Al llegar a la tienda en el Maresme, parece más sencillo hacer valer los derechos en Guantánamo que en su departamento de fastidio al cliente; así que, mientras imploro que resuelvan el problema, imagino el rostro de la Merkel apuntándonos con su dedo firme y levantando la ceja: "¿Ven por qué no son de fiar?".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de mayo de 2010