Por vez primera desde que es entrenador del Barcelona, Pep Guardiola compareció tras el partido con chándal. Noventa minutos bajo un aguacero arruinan el mejor traje. Pero, con peor aspecto que nunca, difícilmente se le ha visto más contento que anoche. Porque la afición se mojó por el equipo: "He vivido situaciones como esta, en la que se te escapa la Liga contra un equipo de los llamados pequeños, y no nos han ayudado como lo han hecho hoy 57.000 héroes. ¡Han venido y no han dejado de cantar!". Y por haber batido el récord de puntos de la Liga. "¡Ni yo me lo creo: 93!" exclamó. "Haberlo conseguido después de ganar seis títulos es maravilloso. Tiene un valor enorme", insistió el técnico, que lanzó un sinfín de flores a sus jugadores: "Les admiro mucho. No les puedo pedir nada más. Que hayan sumado 93 puntos después de ganar las dos Supercopas en agosto, el Mundial en diciembre, sin vacaciones de Navidad...".
"Espero que Ibra no sufra por no marcar o ser sustituido", dice el técnico
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Le contestó Valdés: "Mentalizarnos ahora para ser campeones no es difícil. Llevamos así desde la primera jornada". "Está muy cerca", amplió Busquets. Mientras tanto, Guardiola seguía con su feliz monólogo: "Vivo con la tranquilidad del trabajo tan bien hecho que no puedo exigir más a los jugadores, ni siquiera que logren la Liga. Si la ganan, que la ganen. Si no, pues... no. En el descanso [1-1] les he dicho que eran los mejores. Que salieran y lo intentaran. No les puedo pedir más. Nuestra Liga ha sido un espectáculo. Vale la pena ayudarnos".
Guardiola explica que a menudo mira a los ojos de los futbolistas antes de decidir quién juega. Ayer algo debió de ver para que fueran Ibrahimovic y Bojan los que acompañaran a Messi. Incluso modificó el dibujo para que le cupieran los tres delanteros. El sueco y el de Linyola sólo habían coincidido en una alineación: fue en Gijón, contra el Sporting. Aquella tarde les acompañó Pedrito, que marcó el gol. Ayer, el tinerfeño fue suplente y sólo jugó la segunda parte, suficiente para contagiar su entrega, su sacrificio y su talento. La presencia de Pedro resultó decisiva. Resume a la perfección todas las virtudes de un equipo al que contagia esfuerzo y solidaridad, verticalidad y posición y una definición tan enorme que asusta.
Si el fútbol son estados de ánimo, el de Pedro se parece antes al de Bojan -"está en racha, las enchufa todas; dicen que los goleadores es lo que tienen; no lo sé porque yo de goles sé poco", dijo Guardiola- que al de Ibra, que parece sufrir cada día más porque todo lo que intenta resulta inútil: "Espero que no sufra por no haber marcado o haber sido sustituido. Puede estar contento por lo mucho que nos ha dado, pero buscaba más control y preferí meter a otro centrocampista" dijo Guardiola. "Ha jugado muy bien y ha podido meter goles. Estoy muy contento", insistió el técnico respecto al nórdico, del que elogió su aportación en el primer gol, en el que descolgó un centro de Alves con la cabeza.
A Ibra se lo llevaron los demonios en muchas jugadas. Cuantas más cosas intenta, menos le salen. Nunca rehuyó la faena cuando lo exigió el guión, pero se fue al banquillo en el minuto 65 jugueteando con la cinta del pelo con cara de enfado. "Lo comprendo", zanjó Guardiola.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de mayo de 2010