Menos de una hora duró la visita del presidente José Luis Rodríguez Zapatero al cuartel general de la OTAN en Bruselas, la primera bilateral en sus seis años de mandato, aunque en 2005 participó en dicha sede en una cumbre de jefes de Estado y de Gobierno aliados. La brevedad de la reunión de trabajo que mantuvo con el secretario general de la Alianza Atlántica, Anders Fogh Rasmussen, da idea de hasta qué punto las relaciones con la más importante organización militar del mundo han perdido la relevancia de otra época. Sobre todo porque han dejado de ser conflictivas.
Rasmussen ni siquiera tuvo que pedir que España incremente sus tropas en Afganistán. Zapatero ya lo ha hecho. Los soldados españoles han pasado de 800 a 1.500 en un año. El secretario general de la OTAN se lo agradeció; especialmente porque es consciente de la escasa popularidad que tiene esta operación en la opinión pública española, según dijeron fuentes próximas al mismo.
Zapatero, que estuvo acompañado por la ministra de Defensa, Carme Chacón, mostró su respaldo a la estrategia aliada en dicho país, que pasa por comenzar a finales de este año la transferencia de la responsabilidad sobre la seguridad en algunas zonas a las autoridades afganas. La situación de Afganistán se evaluará en la cumbre de Lisboa, en noviembre próximo, donde se aprobará el nuevo concepto estratégico.
Antes, probablemente en septiembre, será el propio Rasmussen quien visite España y se reúna con parlamentarios y representantes de la sociedad civil porque, como admitió Zapatero, todavía la Alianza Atlántica es una desconocida para la sociedad española.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de mayo de 2010