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Reportaje:BANDA SONORA

Los domingos, 'jam session'

Un recorrido por los clubes madrileños que despiden la semana con una reunión informal de músicos - Los locales aceptan voluntarios para tocar

Dos y media de la madrugada del domingo al lunes. La ciudad duerme a pierna suelta porque Cristiano Ronaldo ha salvado al Madrid en el último instante. Todavía se puede ganar la Liga. Un momento: ¿hemos dicho dormir? Las 100 personas que bailan en el club El Junco (plaza de Santa Bárbara, 10) no muestran ni pizca de ganas de recogerse. No, aún no es hora. Se celebra la jam session de Norman Hogue, un trombonista neoyorquino que lleva viviendo en España casi 20 años.

La gente está encima de la banda. No hay zona de seguridad: cuando Hogue pone a soplar su trombón las varas del instrumento deben esquivar los cercanos cuerpos de los espectadores. Un espontáneo, Héctor, clavado a Jota, el cantante de Los Planetas, se acaba de subir a tocar la armónica. Se desenvuelve bien.

En algunas salas el espontáneo debe acreditar un buen nivel musical Es frecuente ver en el Honky a cantantes en busca de instrumentistas

Es frecuente ver en el Honky a cantantes en busca de instrumentistas

Hogue coge el micrófono y canta un rhythm and blues clásico, pero cambia la letra y habla sobre un sueño de Rajoy, que se ve sentado en La Moncloa. El público ríe y baila. Ojo a la hoja de servicios de este "neoyorquino con pasaporte de Lavapiés", como se define: ha tocado con Tito Puente, Ray Barretto, Celia Cruz, Serrat, Joaquín Sabina, Extremoduro... ¡Isabel Pantoja! Pero esta noche Norman actúa en un subterráneo club para una clientela de aquí y allá con una sola cosa en común: su cara de alegría.

En Madrid crece la costumbre de celebrar jam session los domingos. El porqué de este día se debe a dos circunstancias: es perfecto porque los músicos están liberados de compromisos con las estrellas (la mayoría trabaja para cantantes que concentran sus conciertos en viernes y sábado) y el domingo es una jornada en la que cuesta llenar un club, así que "hay que inventarse algo".

La jam session es una reunión informal de músicos a la que está invitado cualquier voluntario con ciertos conocimientos. Como Nacho, un chico de 22 años que se sube a tocar la batería en la jam de Hogue. "Estudio música, así que este es un lugar perfecto para practicar", dice. La cosa funciona así: existe un grupo base (la banda de Hogue se llama Internacional Blues Machine e interpreta rhythm and blues y soul, siempre divertido) y luego participa la gente que le apetece. Hogue opta por la manga ancha en su jam de El Junco. Su lema es: prohibido excluir al espontáneo por falta de nivel. "Al revés: insisto en que la gente suba. Si toca o canta bien enseguida se da cuenta y la cosa funciona. Si el nivel es bajo tampoco pasa nada: una vez terminada la pieza se baja del escenario y tan felices", explica.

Más clubes donde se practican jam: El Barco (calle del Barco, 34), especializado en jazz latino, y Picnic (calle de las Minas, 1), el garito de Xoel Deluxe López. Mientras Xoel anda por Argentina, su hermano Adrián, de 34 años, es el responsable: "Nosotros lo llamamos micrófono abierto. Y es en acústico. Convocamos a músicos consolidados

[han pasado por el Picnic Tulsa, Álex Ferreira o Arizona Baby] que tocan unos 20 minutos. Luego se incorpora el que quiera. Siempre tenemos una guitarra para ellos". Adrián confirma que se establecen relaciones: "Dos tipos que se conocieron aquí ahora han formado una banda". A todas las jams se accede gratuitamente y salvo la del Picnic, que arranca a las ocho de la tarde, las demás son en horario nocturno (empiezan en la medianoche) y se alargan hasta las tres o cuatro de la madrugada.

"Te cuento un secreto: las mujeres más guapas de Madrid van a jam session los domingos. No sé exactamente la razón, pero es así, te lo aseguro". El que prescribe es un experto en la materia. Eric Flanklin lleva ocho años con la jefatura de la jam session que se celebra el último día de la semana en la sala Honky Tonk (calle de Covarrubias, 24). Su cara es bien conocida para los seguidores del primer Caiga Quien Caiga, el mejor, el que lideraba El Gran Wyoming: Erik era ese tipo robusto que tocaba la batería en directo en el programa junto a El Reverendo. Sus baquetas han sonado en discos y giras de Miguel Bosé, Antonio Vega, Antonio Flores, ¡Donna Summer!, ¡Tom Jones! Una institución este Erik, chileno de 60 años que lleva 22 viviendo en España. Actualmente en la Alameda de Osuna, "cuidando a mi madre".

Erik reconoce que para tocar en su jam (de rock y pop clásico: Simple Minds, Rolling Stones, Led Zeppelin, Lenny Kravitz...) se debe acreditar un buen nivel. Erik: "Cuidado, no tocamos para músicos, eso sería muy aburrido. Actuamos para que la gente se lo pase bien, pero pedimos a los que suban al escenario que sepan tocar". Es frecuente ver en el Honky a cantantes en busca de instrumentistas prometedores. "Miguel Ríos se pasó un día y se llevó a uno de mis guitarristas", informa el carismático Erik. Y se despide con un: "Pásate el domingo por el Honky. Ese día soy el sheriff".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de mayo de 2010