Pantalón corto azul, sudadera blanca con el 9 en el pecho y botas blancas. Fernando Torres realizó ayer su primer entrenamiento como jugador del Chelsea. Lo hizo con el preparador físico, Chris Jones, pero en solitario porque el equipo viajó a Sunderland y los no convocados se ejercitaron una hora antes, cuando él recorría Cobham, la ciudad deportiva de los blues, y conocía a los empleados.
"Necesitaba dar un paso adelante en mi carrera por mis ambiciones como jugador. Después del Chelsea, no hay equipos de más nivel. Jugaré con grandes futbolistas como Terry, Lampard, Drogba y Anelka...", dijo Torres, que se puso a disposición del técnico, el italiano Carlo Ancelotti, para el próximo encuentro. En Stamford Bridge y ante el Liverpool, su ex equipo, el domingo. "Es el destino", apuntó.
Antes de firmar el contrato, cuando se echaba el cierre al mercado, el Liverpool exigió que Torres no jugara el domingo. El Chelsea tiró de sus abogados y apretó para lo contrario alegando que eso era ilegal. Los reds recularon. "Quería formar parte del Chelsea. Aunque ellos también estarán felices porque no les voy a meter más goles", comentó con picardía The Kid, que solo en la Premier les había endosado cinco dianas en cuatro partidos.
Con el 9 a la espalda, Torres tiene claro el objetivo: "Ganar. Espero que podamos alcanzar la final de la Champions y ganarla. Este equipo aspira a todo por sus jugadores, como Drogba, el mejor delantero del mundo de lejos". La Liga de Campeones es el gran objetivo del dueño del club, Roman Abramóvich, que lleva invertidos ya 700 millones de euros desde 2003.
Sin Torres, el Liverpool pierde casi su condición de spanish: solo queda el meta Reina en la primera plantilla. Desde 2004, 25 jugadores y técnicos han pasado por Anfield.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 2011