Una sinagoga fue incendiada en la noche del lunes al martes por un grupo de desconocidos en Gabes, ciudad costera situada al sur de la capital de Túnez. "Creo que aquellos que lo hicieron querían crear división entre los judíos y los musulmanes en Túnez, que han vivido durante décadas en paz", afirmó ayer Peres Trabelsi, portavoz de la comunidad judía en el país magrebí.
No suelen ser frecuentes este tipo de ataques religiosos en Túnez, país de mayoría musulmana y que acoge una de las mayores comunidades judías del norte de África. El último suceso se registró en 2002 cuando terroristas de Al Qaeda mataron a 21 personas en una sinagoga en la isla de Yerba.
El jefe del equipo de la ONU encargado de investigar los derechos humanos en Túnez, Bacre Waly Ndiaye, informó de que al menos 147 personas murieron y más de 500 resultaron heridas durante las revueltas de enero. El nuevo ministro del Interior tunecino, Farhat Rajhi, anunció ayer el arresto de su antecesor en el cargo, Rafik Belhaj Kacem.
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Por otro lado, la agencia Reuters se hizo ayer con una copia de una carta remitida a un diputado francés en la que el primer ministro de Francia, François Fillon, reconoce que su Gobierno permitió exportar gas lacrimógeno a Túnez el pasado 12 de enero, dos días antes de que las movilizaciones contra el Gobierno forzaran la huida del presidente tunecino, Zine el Abidine Ben Alí.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 2011