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CARTAS AL DIRECTOR

Apoyar el cambio en el mundo árabe

La revolución en el mundo árabe está en el momento crítico. Su éxito en Túnez la ha extendido a Egipto y, de tener éxito allí, podemos encontrarnos ante una verdadera ola de cambio en gran parte del mundo árabe. Egipto es un referente en el mundo musulmán y la conexión entre el norte de África y Oriente Próximo; es el punto de inflexión entre un caso aislado y una revolución democrática internacional.

Entiendo que la cuestión en el norte de África debe ser analizada a fondo por especialistas, pero si Europa es coherente consigo misma debe apoyar esta ola de cambio. Coherente a más de un nivel, porque no hablo de los valores de Europa, sino también de sus intereses. Desde hace años, la UE viene perfilándose como un referente ético aunque cada vez con menor influencia en la escena internacional. ¿Qué mejor manera de ampliar su influencia que apoyando la expansión de los valores democráticos? ¿Qué mejor modo hay de hacerlo que apoyando estas revueltas populares, nacidas de los propios ciudadanos de aquellos países donde el cambio emerge? ¿Traicionará ahora sus mejores virtudes en pos de mantener el statu quo en su periferia? Porque en cuestiones de seguridad, siempre será mejor una democracia bien cimentada que una dictadura débil para mantener a raya la inestabilidad y la inseguridad. Es mejor un norte de África democrático que una colección de tiranías donde fermentan la marginalidad, la pobreza y la violencia. Una democracia, además, ofrece mejores garantías a la hora de invertir en un país, ya que la transparencia es mayor y, sobre todo, ofrece una seguridad jurídica que los regímenes autoritarios pueden no respetar siempre. Es la oportunidad de oro para las empresas europeas de encontrar un mercado norteafricano con garantías.

Europa, como estandarte de los valores democráticos en un mundo en el que emergen potencias indiferentes a estos, tiene la obligación moral de dejar atrás su complicidad con los dictadores que mantenían a raya las amenazas y el control en su patio trasero. Hoy tiene la obligación ética de ayudar en todo lo posible a los países que por sí mismos se constituyen en democracias, para garantizar la solidez y el arraigo de las mismas para evitar que sean débiles y corran el riesgo de desvirtuarse o colapsarse, pudiendo dar lugar al surgimiento del movimiento opuesto, la reacción y el integrismo. Este, y no el de la guerra, es el camino que Occidente debe tomar para implantar la democracia en los países musulmanes.- Álvaro Barea. Algeciras, Cádiz.

Los recientes acontecimientos de Túnez o Egipto demuestran que algo está cambiando, las voces antes silenciadas ahora claman por una libertad que los dictadores temen, por una democracia de la que los déspotas abominan.

La Unión Europea no puede quedarse al margen, debe implicarse desde hoy mismo, sin la tibieza vergonzosa que ha mostrado hasta el momento, y ayudar a construir un camino que conduzca a muchos millones de personas a una vida mejor. Tampoco es aceptable el silencio ante China, por muy jugosos contratos que haya de por medio.

Por encima del dinero, de los intereses políticos, de las ambiciones personales, están las personas. No es tan difícil de comprender. Jorge Cruz Jiménez . Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 2011