John Rawls explicó que una sociedad bien organizada es aquella que se encuentra bajo una efectiva regulación de la justicia, lo cual requiere que los ciudadanos asuman esa preeminencia y que las instituciones la apliquen de manera equitativa.
Así vemos que el cumplimiento de dicha exigencia sine qua non de la libertad tropieza con crecientes dificultades aun en países democráticos como España o Italia. Ahí está algún miembro del Supremo, muy activo en el caso Garzón y bien arropado, que no oculta sus ideas preconstitucionales.
La aspiración a la impunidad también florece en España ligada a la política, con sectores del PP como protagonistas, dando lugar a una lógica convergencia: el ataque despiadado contra los jueces que ponen al descubierto la corrupción, del mismo modo que la actuación de Garzón en el caso Gürtel. Tanto para Berlusconi como para el PP, la descalificación del procedimiento constituyó un recurso para tapar el presumible delito.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de febrero de 2011