Mientras el presidente estadounidense George W. Bush desarrollaba durante el pasado mes de septiembre su campaña diplomática para buscar apoyos para atacar Irak, la oficina de espionaje del Pentágono hacía informes en los que se dudaba de la existencia de arsenales de armas de destrucción masiva en el país.
Un informe de la Agencia de Información de la Defensa (DIA) presentado en septiembre de 2002 aseguraba que no existía "información fiable" sobre los arsenales de armas de Sadam Husein. En 80 páginas, los servicios de espionaje del Pentágono explicaban que "probablemente" Irak poseía armas químicas y biológicas, pero aseguraban que no existían datos fidedignos que respaldaran esa afirmación.
Bush conoció el informe poco después de una comparecencia ante la ONU en la que aseguró que el régimen de Sadam Husein representaba un gran peligro porque tenía armas de destrucción masiva.