Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
9 D'OCTUBRE

Zaplana invita a superar el nacionalismo caduco

La alocución institucional de Eduardo Zaplana con ocasión del 9 d'Octubre tuvo dos vertientes. El presidente de la Generalitat asumió un tono de estadista para hacer un recorrido sobre los últimos cien años de la historia de España hasta la configuración actual del Estado de las Autonomías. Reivindicó la Constitución y el Estatuto y condenó los discursos que defienden un nacionalismo "anclado en conceptos caducos", en clara alusión al problema vasco. En otra vertiente, más ajustada al territorio valenciano, tendió la mano a la oposición y apostó por recuperar espacios de consenso, impulsar la reforma del Estatuto y resolver la constitución de la Acadèmia Valenciana de la Llengua para dotar de contenido al valencianismo político.

El acto institucional celebrado a primera hora de la mañana en el Palau de la Generalitat con ocasión del Nou d'Octubre se abrió con la entrega de las distinciones de la Generalitat. El sindicalista Antonio Gutiérrez y el torero Enrique Ponce compartieron la alta distinción; el poeta Santiago Bru i Vidal recibió el premio de las letras; el sociólogo José Vidal Beneyto y el arqueólogo Francesc Esteve i Gálvez compartieron la distinción al mérito cultural; el jugador de pelota valenciana Enrique Sarasol recibió la medalla al mérito deportivo mientras que José Quiles, propietario de Kelme, recibió la placa al mérito deportivo como presidente del club ciclista que apadrina su marca.Zaplana cerró el acto con una intervención leída íntegramente en valenciano en la que celebró la "mayoría de edad de nuestras instituciones de autogobierno" -el Estatuto cumple 18 años-, y vaticinó "un siglo XXI cargado de esperanza". El presidente sustentó sus aseveraciones sobre un panorama del último siglo, "en el que los diferentes pueblos de España han intentado encontrar un modelo de convivencia posible en la construcción del Estado".

Zaplana recordó la escasa integración y la distancia económica entre las diversas zonas del Estado y apuntó que en ese tiempo cada pueblo aspiraba a afianzarse "a costa de algo o de alguien". Mientras "los intelectuales propugnaban la regeneración", siguió, "algunos pueblos de España optaron por una afirmación periférica de carácter nacionalista".

La primera asamblea regionalista valenciana reclamó entonces la recuperación de los derechos forales, la autonomía y la recuperación del valenciano. Una aspiración que frustró la guerra civil, "momentos difíciles", en palabras de Zaplana.

El discurso saltó directamente a la transición política que afrontó la organización de "una unión libre de los pueblos de España". Frente a la "afirmación positiva" de principios de "integración y solidaridad", que Zaplana atribuyó a los valencianos, "algunos no han sabido evolucionar hacia formulaciones positivas, se mantienen atrapados en discursos nacidos hace un siglo, que responden a circunstancias históricas que hoy sólo encontramos en los libros de texto", siguió en alusión al problema vasco. "Y eso duele, y no está causando momentos de tristeza y preocupación".

"Los valencianos afirmamos hoy que los ataques a la convivencia son ataques a nuestro sentimiento de autogobierno", aseveró. Y contrapuso la vocación de futuro de "una sociedad acostumbrada a pensar que las únicas fronteras son las del conocimiento", "a los que se mantienen anclados en conceptos caducos". Defendió una comunidad en la que "las ideas políticas son globales porque los problemas adquieren una dimensión que no admite territorios" frente a "todos los que se mantienen en premisas antiguas, nacidas del analfabetismo, en la falta de libertad, en la ausencia de instituciones de autogobierno". Y desde una reivindicación inteligente de la diferencias entre pueblos y nacionalidades invitó a los violentos "a que participen por fin y den una oportunidad a la convivencia".

El presidente condenó el "nacionalismo excluyente", alabó la reivindicación autonomista capaz de integrarse en España o la Unión Europea y defendió la democracia como única garantía de éxito de la construcción del Estado. "El 9 d'Octubre es una oportunidad para hacer valer nuestro autonomismo, pero este 9 d'Octubre reclama también una declaración política de democracia, de respeto a la Constitución y al Estatuto", sentenció.

En el ámbito doméstico, Zaplana apostó por "recuperar espacios de consenso" para "seguir avanzando en la reforma del Estatuto" desde un acuerdo básico que "llegue a unir a las fuerzas políticas".

En un tono similar al que mostró en el reciente debate de política general, el presidente se fijó como un reto "seguir avanzando en la puesta en marcha de la Acadèmia Valenciana de la Llengua" y tendió la mano a la oposición: "Estoy seguro de que lo llevaremos adelante desde el rigor, la serenidad y la generosidad de parte de todas las instituciones políticas".

Zaplana concluyó su intervención con una medida reivindicación del valencianismo que deben dibujar los dos partidos mayoritarios que, concluyó, "también es construir España y construirla por dentro, trazando caminos de solidaridad, que no es dar para recibir, sino reciprocidad".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de octubre de 2000

Más información

  • El presidente sugiere a la oposición "recuperar espacios de consenso" para pactar la Acadèmia y la reforma del Estatuto