Antonio Gutiérrez, que fuera secretario general de CCOO desde 1987 hasta el pasado mes de abril, ofreció el contrapunto a la alocución institucional del presidente de la Generalitat en el breve discurso de agradecimiento que pronunció en nombre de todos los galardonados por el Consell con ocasión del 9 d'Octubre. Gutiérrez apenas miró sus notas en una intervención poderosa en la que demostró sus dotes como orador y en la que matizó su sentido tono sindicalista con toda una serie de concesiones a la cortesía de corte mucho más político. En su breve intervención deslizó incluso saludos a su "amigo" y actual alcalde de Orihuela, su localidad natal, José Luis Medina, del PP."Rindo homenaje a 18 años de autogobierno porque eso no nos lo ha entregado nadie", arrancó, "son sobre todo fruto del tesón de todo un pueblo en su empeño por labrarse libremente su futuro, por atesorar sus propias cultura e identidad". El dirigente sindical, hoy retirado del primer plano de la escena pública, coincidió con Eduardo Zaplana cuando alabó el actual diseño del Estado: "Compartiendo con los demás pueblos y comunidades que configuran España los vínculos de la democracia y la solidaridad porque esa es la mejor forma de afrontar los retos del progreso".
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Gutiérrez sí aludió a la etapa franquista en la que los valencianos, al igual que el resto de pueblos de España, discurrieron por "un camino angosto, mucho más estrecho". Y bromeó sobre las manifestaciones reivindicativas que concentraban a los defensores de la autonomía en los tiempos de la dictadura cada último domingo de octubre en la explana de El Puig, cuando "ni siquiera la madre de Dios" era capaz de evitar alguna detención o un cierre de la Cartelera Turia.
Gutiérrez celebró la capacidad de los valencianos de "arrumbar" aquellos usos. "Hemos sido capaces de conquistar entre todas y todos nuestro tiempo", dijo, y se lanzó a un canto del autogobierno y del Estado de las Autonomías. "La unidad ya no se puede imponer, sino que es un logro desde el pleno ejercicio de las distintas autonomías, donde nadie puede mutilar una identidad para subordinarla a otra, donde podemos libremente ordenar nuestras identidades".
Una pequeña minoría
Su discurso le condujo, como al presidente, a una condena de la violencia terrorista y al problema vasco. "Esto es lo que todavía no entiende una pequeña minoría porque nunca han sabido lo que hay que elegir", dijo. "ellos sólo saben destruir". Y con más claridad: "Esos que de vez en cuando, y últimamente con demasiada frecuencia, ensombrecen ese panorama que queremos que sea cada vez más luminoso y más esperanzador para todos los pueblos que configuran el Estado español".Gutiérrez recurrió a Albert Camus para tachar de nazis a los violentos y defendió "la llama de la inteligencia" y "el valor", cuya defensa "es siempre más difícil, pero que siempre sale ganando".
El histórico dirigente sindicalista apreció "dos dimensiones" en la alta distinción que le fue concedida ayer. Su condición de "trabajador comprometido", cuyos méritos, "afortunadamente, son siempre compartidos"; y su condición de "valenciano del sur".
Gutiérrez recordó cómo un alcalde de Orihuela, "más dotado para el cinismo que para la política", declaró hace doscientos años que era ajeno a los castellanos y a los valencianos y logró "provocar un auténtico desbarajuste" en el habla de su pueblo. Pero Gutiérrez citó el caso sólo para hacer una contundente profesión de fe valencianista con la que cerró su discurso. "No consiguió arrinconarnos el alma valenciana", concluyó, "hoy, desde Orihuela, podemos proclamar que nos sentimos libremente vinculados, justamente atados, con esta tierra valenciana".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 10 de octubre de 2000