La Caravana Internacional por la Vida, compuesta en total por 68 personas de 11 países, salió de Bogotá el 1 de agosto. Lleva consigo un cargamento de medicinas, alimentos no perecederos, herramientas aperos de labranza y mantas, para repartir entre los campesinos de una zona dominada por la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN).
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El lunes la expedición navegó desde Barrancabermeja a través del río Magdalena en un barco llamado Marcela y llegó sobre las 20.30 a San Pablo. Era la primera de las 17 escalas previstas por la Caravana. Y se encontró con un muro infranqueable: la oposición de la población, liderada por los movimientos No al Despeje (desmilitarización de una zona para el diálogo con la guerrilla) y Asocipaz, dos asociaciones acusadas de estar infiltradas por los paramilitares.
Según Celso Martínez, presidente de Asocipaz, la caravana "no está retenida". "Cientos de personas se reunieron en la plaza del pueblo y decidieron pedirles la ayuda" que llevaban hasta las zonas montañosas de la Serranía de San Lucas, a cuyos campesinos acusan de ayudar al ELN.
Sin apoyo diplomático
Los organizadores de la caravana participaron en una reunión en la Embajada Española en Bogotá en la que estuvieron presentes otras ONG españolas que trabajan en Colombia. La legación no apoyó la expedición por considerar que no contaba con medidas de precaución necesarias para internarse en esa zona.
La intención de la caravana era llegar río arriba hasta la Serranía de San Lucas para repartir alimentos y medicinas entre la población. La zona está bajo control del ELN desde hace décadas, y la estrategia paramilitar, además de la confrontación directa, ha sido aislar ese territorio con el bloqueo de su principal vía de comunicación: el río Magdalena. Los paramilitares son enemigos irreconciliables de las guerrillas colombianas y, por ende, de negociar la paz con ellas.
Los campesinos recriminaron a los cooperantes no destinar la ayuda "a los verdaderos damnificados por la situación" del sur de Bolívar. "Debería entregarse a los miles de desplazados por la violencia que hay en el propio San Pablo", dijo Celso Martínez. Allí cuestionan su buena fe, a tenor de las declaraciones de Rafael Ramos, portavoz del Movimiento No al Despeje. "Nos enteramos de que van a ir a El Jardín, Vallecitos, El Diamante y El Paraíso, donde la gente vive rodeada por el ELN y allí hay una encerrona porque van a insistir con el despeje. Ellos han mantenido en secreto lo de la ayuda humanitaria y no sabemos por qué no han dejado verla. Se especula que llevan munición".
Fuentes de la Oficina de Información Diplomática no dudan de que estas acusaciones responden a intereses políticos locales colombianos. "No sé si les confunden o no con simpatizantes del ELN, porque aquello es la Colombia profunda", dice un portavoz de la OID". "Ya se les dijo que no fueran y vamos a hacer todo lo posible para que regresen, para que se den media vuelta. Están metidos en un avispero. Va a ser difícil sacarlos de allí porque es una zona en la que ni entra el Ejército", advierte.
Según la ONG colombiana Sembrar, una de las organizadoras del viaje, que está en contacto permanente con los retenidos, se encuentran en el barco. "Todos estamos en perfecto estado", señaló a la agencia Efe uno de los integrantes de la caravana.
Entre tanto, el presidente colombiano, Andrés Pastrana, anunció ayer que ha ordenado suspender las negociaciones con el ELN. El anuncio de la suspensión fue hecho durante una ceremonia en el Día del Ejército en Bogotá. Delegados del Gobierno y de esa guerrilla, a la que acusó de que "le falta voluntad de paz", celebraban en Venezuela una ronda de conversaciones.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de agosto de 2001