En la expedición Caravana por la Vida participan 68 cooperantes de Bélgica, Francia, Alemania, Italia, EE UU, Canadá, Brasil, Irlanda y Alemania. Por el momento, se sabe que hay 37 delegados españoles, procedentes del País Vasco, Aragón, La Rioja y otras comunidades, pertenecientes a Paz y Tercer Mundo, Comités Internacionalistas y otros colectivos. Según la ONG colombiana Corporación Sembrar, que participa en la caravana, un total de 180 ONG de 11 países, además de Colombia, forman parte del proyecto.
"Ellos quieren pasar, pero no les dejan", aseguran desde la Oficina de Información Diplomática, "pero no se puede hablar de que estén secuestrados. Son gente de buena voluntad, pero creo que han incurrido en una aventura importante".
El Ministerio de Asuntos Exteriores, la Dirección de Cooperación al Desarrollo del Gobierno vasco y el Defensor del Pueblo Vasco realizaron gestiones durante todo el día para aclarar la situación de los cooperantes. Se encuentran bien, aunque temen por la escasez de alimentos y de agua.
Las ONG saben que Colombia no es un país fácil para trabajar. Los cooperantes españoles sufren el conflicto armado que desangra al país desde hace más de 40 años, y es necesario conocer muy bien sobre el terreno la complejidad del enfrentamiento. A menudo, las poblaciones campesinas son masacradas por el simple delito de vivir en zonas controladas por uno u otro grupo armado. Cualquier apoyo a alguna de esas poblaciones es usado por la guerrilla o los paramilitares para acusar a los campesinos o a las ONG que les socorren de pertenecer al enemigo.
Algunos cooperantes españoles han sufrido esas dificultades en zona de guerra. Por ejemplo, la navarra Camino Villanueva Rodríguez, capturada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en diciembre de 1998 y liberada un mes después. Iñigo Egiluz no tuvo tanta suerte, fue asesinado en el río Atrato. Tenía 24 años y trabajaba para Paz y Tercer Mundo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de agosto de 2001