El grito desesperado que lanzó un espectador desde la tercera grada interrumpió la cadencia de aces y saques ganadores con que el norteamericano Pete Sampras, de 30 años, iba ganando su acceso a la final del Open de Estados Unidos. "Salven al tenis masculino", chilló capitalizando por unos instantes la atención de los 23.0000 aficionados que ayer llenaban la pista central de Flushing Meadows; "devuélvannos las raquetas de madera". Su pancarta con la misma leyenda, firmada por Woodmen (hombres de madera), apenas consiguió que las cámaras de televisión la captaran. Sin embargo, su petición es el reflejo de un clamor que va abriéndose camino.
Los materiales de las raquetas han evolucionado a una velocidad muy superior a la de su contexto. La madera ha sido sustituida por el aluminio, la fibra de carbón, el kevlar, el grafito y el borón y en los últimos modelos se han incorporado además microchips para conseguir reducir al máximo la flexión que supone el impacto de la bola. Sin embargo, esas mejoras no han ido acompañadas de nuevas reglamentaciones ni de cambios fundamentales en la construcción de las pelotas. La principal consecuencia es que todo se desarrolla con mucha más velocidad, lo que ha obligado a un replanteamiento de la preparación física -los tenistas son ya auténticos atletas- y ha permitido mejorar la potencia y la precisión de los golpes.
El saque es tal vez el golpe que más se ha perfeccionado. Y se ha convertido en una arma fundamental. El grito de Woodmen no pasó de ser una anécdota porque Sampras prosiguió luego su demolición del ruso Marat Safin sin entretenerse a pensar cómo jugarían su rival y él con raquetas de madera. Probablemente, mejor, aunque no tan rápido. Sin embargo, está claro que hoy el saque ha adquirido una preponderancia excesiva. "Si no puedes contar con el primero, vas a perder", asegura Oracene Williams, la madre de Venus y Serena; "esto es de vida o muerte. Y es válido siempre en este torneo".
Sampras y Safin volvieron ayer a constatarlo. Más que el resto del juego, fue el saque lo que decidió y, probablemente, lo que acabe decidiendo la final de hoy entre Sampras y el australino Lleyton Hewitt, de 20 años, todo un duelo generacional. Fue gracias a este golpe que el trece veces campeón de una cita del Grand Slam cerró todas las opciones de Safin y consiguió situar en 87 el número de juegos consecutivos en que ha mantenido su saque. "Tal como está jugando Pete, es muy difícil ganarle", reconoció Safin, que le venció en la final de 2000.
Nadie podrá decir que el acceso a la final le resultó fácil a Sampras. En su camino ha dejado ya abatidos a los tres campeones de los últimos años: el australiano Patrick Rafter (1997 y 1998), su compatriota Andre Agassi (1999) y Safin (2000). Sin embargo, le queda un último obstáculo para ganar su 14º título grande: Hewitt. Éste ocupa ya la cuarta posición mundial tras haber ganado este año tres torneos -aún no se ha estrenado en el Grand Slam- y es el abanderado de la nueva hornada.
Ante el ruso Yevgeny Kafelnikov, Hewitt demostró una madurez más propia de la edad y la experiencia de su rival, de 27 años, que de la suya. Se olvidó de cualquier histrionismo y se mantuvo siempre centrado en su juego hasta derrotarle [6-1, 6-2 y 6-1] en 82 minutos. Su mentalidad, ya de por sí fuerte, le permitió no sólo dar lo mejor de sí mismo, sino también mantener una gran efectividad con su saque. Por añadidura, estaba claro que Kafelnikov había perdido el punto de mira de su Kalashnikov, el fusil ruso con cuyo nombre se le conoce en el circuito.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de septiembre de 2001