El debate sobre Zidane pasó a segundo plano en el Villamarín, donde el Betis le hizo un agujero al Madrid con un fútbol de contragolpe que destrozó al campeón. La polémica está servida: los cambios que efectuó Del Bosque, el nuevo dibujo, la extrema debilidad defensiva, el efecto de una derrota muy difícil de digerir.
En medio del debate sobre Zidane y lo que representa, Del Bosque se descolgó con una alineación que eliminaba a cinco titulares en la victoria sobre el Roma. Casillas, Salgado, Karanka, Makelele y Flavio salieron del equipo. Por encima de los nombres quedó claro que el cambio afectaba a toda la estructura defensiva del equipo.
BETIS 3| REAL MADRID 1
Betis: Prats; Varela, Belenguer, Filipescu, Luis Fernández; Joaquín (Merino, m.62), Ito, Calado (Cañas, m. 32), Denilson (Mingo, m.75); Capi y Casas. Real Madrid: César; Geremi, Hierro, Campo, Roberto Carlos (Savio, m.64); Figo, Celades, Zidane, McManaman; Raúl y Guti (Munitis, m. 72). Goles: 1-0, M. 13: Casas se aprovecha de un error de Iván Campo. 1-1, M. 14: Zidane remata una dejada de Raúl. 2-1, M.50: Capi recorta a Hierro y remata desde el borde del área. 3-1, M.60: Joaquín resuelve un contragolpe en el mano a mano con César. Árbitro: González Vázquez. Amonestó a Joaquín y expulsó a Belenguer.
Habida cuenta la fama de prudente que tiene Del Bosque, la decisión tenía un carácter revolucionario, fundamentalmente porque privilegiaba un equipo políticamente incorrecto, al menos para los tiempos que corren.
Ahora que los defectos defensivos del Madrid son escandalosos, el entrenador rompió con cualquier idea conservadora y se lanzó a una aventura arriesgada pero hermosa, una que pone los pelos de punta a los profetas del equilibrio.
Con Celades como medio centro y con toda la caballería por delante -Figo, Zidane, Raúl, McManaman y Guti-, el Madrid se abocó a una aventura romántica que pudo darle una victoria contundente pero que acabó en catástrofe. No podía ser de otra manera: con este tipo de alineación y de jugadores, el Madrid se condena a ganar por un margen amplísimo. De lo contrario le esperan calvarios como el de ayer.
Probablemente sobre Del Bosque pesó el dato de que su equipo no había respondido en el aspecto defensivo con el famoso doble pivote, que no resolvía el problema por ese lado y que limitaba la generación de juego en el medio campo. De manera que el Madrid tuvo los defectos de siempre, y hasta más acusados, pero ganó en fútbol y en llegada al área, lo que provocó un partido frenético.
El Betis sabía la clase de partido que iba a jugar: enfrente se encontraba un equipo temible, pero desequilibrado, sin capacidad para detener a nadie en el medio campo, con unos centrales lentos que favorecen a los delanteros rápidos y contragolpeadores. Durante todo el encuentro, el Betis no se despegó ni un milímetro de su plan. Esperó y contragolpeó. Y en cada una de sus llegadas puso en evidencia la fragilidad de la defensa madridista, en estado crítico durante toda la noche.
Por si no tuviera problemas suficientes con sus defensas, uno de ellos añadió más elementos a la polémica. Iván Campo convirtió una jugada intrascendente en el primer gol del Betis. Por lo visto estaba metido en profundas reflexiones que le impidieron enterarse de que tenía el balón en sus pies y de que su pase a Hierro era una invitación al gol del Betis, como así fue.
Zidane empató el momento y dio paso a un tramo de hermoso fútbol madridista, con tiros al palo y oportunidades espectaculares de Guti y McManaman. Pero a McManaman se le apagan las luces cuando tiene que pensar un remate. O anota sin pensar, como en la final de la Copa de Europa y en la famosa volea de la última temporada, o no hay manera.
El Madrid desaprovechó sus mejores minutos, que fueron espléndidos, y se enredó en el partido que buscaba el Betis. No había necesidad de grandes cosas. Le bastaba con taparse en su área y lanzar a sus flechas, asunto sencillísimo porque en el centro del campo no encontraba ninguna oposición.
El resto quedaba para el mano a mano de Denilson, Casas, Joaquín y Capi con los envarados centrales del Madrid. El segundo gol del Betis definió esta situación punto por punto. Celadas no logró apagar el fuego frente a tres centrocampistas, el último de los cuales, Capi, recibió armado frente a Hierro, que se comió el regate. Luego, Capi superó a César con elegancia.
El tercero llegó muy pronto, con las mismas características que el anterior. Desde ahí se acentuaron los rasgos del encuentro. Al trabajoso y abnegado ataque del Madrid sucedían los contragolpes del Betis, que pasó un mal rato en algunas fases del encuentro pero le hizo un roto al Madrid, que ya no se enfrenta al debate sobre Zidane, sino a multitud de debates sobre los numerosos fuegos que se han declarado en el equipo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de septiembre de 2001