Ocho se despidieron en la primera ronda, incluido el mismísimo Barcelona. Otros dos, Osasuna y Las Palmas, lo hicieron el pasado martes, en lo que fue el aperitivo de una jornada, la de ayer, llena de temores y de desconfianza por parte de los grandes -de los pocos que así se pueden llamar y sobreviven en la Copa-, que se arriesgaban a engordar con sus ilustres nombres la lista de caídos. El partido único, que se acaba a partir de esta ronda, sigue cobrándose víctimas inesperadas. Doce van de Primera. No ganará la Copa el Alavés como tampoco lo hará el Celta, subcampeón en la pasada edición, que cayeron frente al Sporting y el Salamanca respectivamente. Aunque no les sirva de consuelo, ambos fueron eliminados por sendos equipos que no hace mucho lucían palmito en la máxima categoría. Mientras el conjunto de Mané caía de forma estruendosa en El Molinón (2-0, con tantos de Soto), el vigués era despedido por el Salamanca en la prórroga merced a un gol de Zegarra, en el minuto 119, a uno del final, a uno de los penaltis. "Hemos perdido de la forma más triste y lamentable", diría después del choque Víctor Fernández, técnico del Celta.
Sudó, y de qué manera, el líder de Primera, el Deportivo, que se presentó en León para enfrentarse a la Cultural, un rival de Segunda B, con un equipo repleto de jugadores de peso. Mauro Silva, Emerson, Valerón, Fran... Todos ellos encontraron acomodo en el once que Irureta puso en liza. No estaba para bromas el Depor, pero se llevó un susto de muerte. La Cultural se tomó en serio la posibilidad de hacer historia. Raúl Ibáñez marcó en el minuto 72 y acercó a los suyos a la proeza. Pero Irureta, ya por entonces, había echado mano de Djalminha y Tristán (sustituto del lesionado Pandiani). Y entre ambos lo arreglaron. Dos jugadas del primero, dos goles del segundo y asunto concluido.
Al Rayo, según su director general, Álvaro Ruiz Mateos, le importa un comino la Copa del Rey. Y así lo pareció cuando se presentó en Albacete con un equipo en el que sólo dos jugadores tenían más o menos pinta de titulares habituales: Bolo y Peragón. Pero Manzano, técnico rayista, acertó de pleno al mantener a este último entre los elegidos. Soñaba el Albacete con seguir vivo en el torneo a costa del equipo que, al fin y al cabo, es el colista de Primera. Pero Peragón, autor de los tres tantos rayistas, le despertó de golpe y llevó al Rayo a los octavos de la única competición en la que, pese a la opinión expresada a viva voz por alguno de sus rectores, se siente feliz.
El Valladolid lo pasó mucho peor que el Rayo. Se enfrentó en El Ferrol al Racing, un conjunto que mantiene un buen nivel en Segunda. En el minuto 35, Piaggio logró un golazo desde 40 metros y puso el miedo en el cuerpo al Valladolid. Pero reaccionó a tiempo el cuadro de Moré y los goles de Luis García y Fernando Sales le salvaron.
Pero, para sufrimiento, el del Mallorca, que vivió un suplicio ante el Ceuta, al que sólo pudo derrotar en la tanda de penaltis, a la que se llegó tras el sonrojante 0-0 que enseñó el marcador tras 120 minuto de juego. El Mallorca estará el martes día 4 en el bombo que sorteará los octavos de final, donde ya nadie se la jugará a partido único, a ese partido único que ha convertido a la Copa en un torneo demoledor, inmisericorde con el rango de sus participantes, y que de momento, a falta de lo que ocurra hoy, se ha llevado por delante a 12 primeras, igual que hace un año.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 29 de noviembre de 2001