Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
CRÓNICA

El Barça paga muy cara su tacañería

El conservador planteamiento de Rexach ante un mediocre Panathinaikos propició la derrota azulgrana de penalti inexistente

El Camp Nou juzgará el martes el presente y el futuro de todo el Bar-ça. Desde el último futbolista al primer sillón del palco.

PANATHINAIKOS 1| BARCELONA 0

Panathinaikos: Nikopolidis; Saric, Kirgiakos, Henriksen, Fissas; Goumas, Basinas, Kolkka; Vlaovic (Olisadebe, m.73); Konstantinou (Vokolos, m.89) y Liberopoulos (Boateng, m.59). Barcelona: Bonano; Gabri, Coco (Reiziger, m.63), Abelardo, Frank de Boer, Puyol; Rochemback (Rivaldo, m.71), Cocu (Xavi, m.53), Motta; Kluivert y Overmars. Gol: 1-0. M.78. Bassinas transforma el penalti inexistente con el que el árbitro castigó una entrada dentro del área de Abelardo a Kolkka. Árbitro: Terja Hauge (Noruega). Mostró tarjeta amarilla a Coco, Bonano, Frank De Boer, Kirigiakos y Saric. Estadio Apostolos Nikolaidis de Atenas. Lleno absoluto. Unos 17.000 espectadores. Llovió copiosamente durante algunas fases del partido.

Los azulgrana despreciaron ayer medio billete europeo para las semifinales y encajaron una dolorosa derrota en Atenas por un penalti inexistente de Abelardo sobre Koukkas y que Basinas transformó cuando faltaban sólo 11 minutos. Fue un final aciago que condenó los miedos del Barça, que salió de entrada sin Xavi ni Rivaldo, renunciando a ir desde el principio por el partido. Su reacción, una vez hechos los cambios en la segunda parte, llegó tarde. Y pasó lo de siempre: los azulgrana fallaron más de la cuenta ante la puerta y el Panathinaikos, un discreto equipo y sin duda el rival más flojo que quedaba en liza, recibió el penalti como agua del cielo. La hipoteca saldrá cara. El Barça ha resuelto sus últimos tres partidos en casa con empate y la cita ante los griegos se adivina titánica. Casi con aire de plebiscito porque, perdida ya la Liga, sólo le queda Europa para no tirar el año.

La derrota está cargada de espinas porque el Panathinaikos, que confirmó la leyenda de que en Grecia no gana ningún equipo español, no parecía tan fiero. Cuesta entender varias cosas: por qué los azulgrana salieron tan agazapados pero, sobre todo, por qué no jugó Rivaldo, que en 20 minutos estuvo cerca de meter dos goles. Pero el Barça fue un retrato de todo el año: no tiene equipo fijo y anoche Rexach se inventó uno nuevo. Amparados por el grato recuerdo de Estambul, los azulgrana quisieron recuperar el mismo espíritu con cinco hombres atrás (tres centrales y dos carrileros) y a la espera de que Overmars, en la izquierda, y Kluivert, solo en punta, cazaran alguna ocasión. La puesta en escena resultó un galimatías porque el equipo lo acabó llevando Cocu, que había estado enfermo por culpa de una gastroenteritis y que desplazó a Xavi, que había jugado un partido perfecto en Turquía. La cosa no se quedó ahí porque Puyol, lateral derecho, jugó a la izquierda, en el lugar de Coco, que acabó haciendo un marcaje al hombre sobre Liberopoulos. No fue mucho mejor por arriba porque el elegante Motta, que volvía a ser titular desde hacía un mes, se intercambió muchas veces con Cocu. Y Kluivert, encerrado entre los dos centrales se quedó rabiando en el área, desesperado.

Casi era previsible. El Panathinaikos salió al césped con furia y sometió al Barça a un acoso con varios saques de esquina. Pero pronto se le vio por dónde cojea: Markarian tenía razón cuando dijo que a su equipo le cuesta encontrar el camino del gol. Konstantinou, su único punta, no supo culminar un par de escapadas. Algo parecido le sucedió al Barça, que despreció la banda derecha y quiso vivir sólo de Overmars. El zurdo holandés debe de sentir algo parecido a la frustración. Como en los últimos días, se fue cuando y como quiso de Saric, el lateral de ayer, sin que le sirviera mucho. Todos sus centros acabaron casi siempre a los pies de la muralla griega. Sólo Kluivert pudo atrapar un disparo raso tras una jugada preciosa de Motta que no fue gol por un palmo. El partido se pareció mucho a un diálogo de sordos ante las limitaciones de unos para ver puerta (Vlaovic pudo marcar de un cabezazo) y las prevenciones del Barça de ir por el encuentro. Aun así, Rochemback estuvo a punto de batir a Nikopolidis. Los resbalones, en un campo empapado, impidieron los goles justo antes del descanso, porque tanto Kluivert como Konstantinou fallaron.

No podía seguir así el Barça y tras el descanso se fue por el partido. Xavi saltó al césped por Cocu y el equipo recuperó la lógica natural de las cosas. Se le vio mucho más puesto aunque las ocasiones llegaron con cuentagotas. Kluivert, con la vista últimamente torcida, desperdició dos: una en un autopase y otra de un disparo que obligó al portero griego a hacer un paradón. Charly recurrió en el último tramo a Rivaldo, dejando en el campo a los delanteros. Fue una lástima que saliera tan tarde porque la primera pelota que tocó fue medio gol. El Barça dio la impresión entonces de poder llevarse el partido, pero Abelardo acaparó toda la atención en un minuto: primero metió un cabezazo y luego le pitaron un penalti que no era.

Fue injusto porque el Panathinaikos no se había asomado en toda la segunda parte -salvo en un disparo de Boateng- por el área de Bonano. El guineano tejió la jugada del gol. Primero chutó un balón que se le escapó de las manos al argentino. La pelota merodeó el área hasta que llegó a los pies del Kolkka. Abelardo tocó el cuero pero en la entrada derribó al finlandés y el árbitro pitó la pena máxima. Basinas, ante el delirio de la ruidosa afición, marcó el penalti. Quedaban 12 minutos para remontar y con el riesgo de encajar un segundo tanto que podía ser definitivo. Pero Basinas y Rivaldo no atinaron en uno y otro bando. El Camp Nou dictará sentencia. Mientras, el Panathinaikos tiene medio billete en el bolsillo, y así lo celebró la hinchada, que despidió a sus jugadores con olés, a ritmo de pasodoble.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de abril de 2002