Israel se enfrentaba anoche a la posibilidad de abrir un segundo frente en su frontera norte. Después de que la guerrilla de Hezbolá volviera a atacar por segundo día consecutivo varias posiciones israelíes, el primer ministro Ariel Sharon decidió consagrar la reunión del Gabinete de Seguridad a la situación en esa zona. En el sexto día de la Operación Muro Defensivo, el Ejército israelí consolidó ayer su control sobre Yenín e introdujo sus carros de combate en Nablús y Salfit. Esas acciones costaron la vida a nueve palestinos, seis de ellos civiles, y un soldado israelí.
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La dirección palestina pidió anoche a su pueblo que se prepare para una "larga resistencia" contra el ocupante. El comunicado, difundido desde Gaza, afirma también que los israelíes no podrán vivir con seguridad mientras apoyen la política "opresiva de su Gobierno". El alcalde de Salfit, una pequeña localidad cisjordana situada entre Ramala y Nablús, denunció ayer que dos de los vecinos habían muerto por disparos de los soldados israelíes que durante todo el día procedieron a registrar casa por casa. En Yenín, tres de las víctimas mortales fueron civiles: una médico de 30 años atrapada en un fuego cruzado entre soldados israelíes y militantes palestinos, un niño de 13 y un alto cargo local de la Autoridad Palestina. También resultaron muertos un soldado israelí y tres militantes palestinos en el campo de refugiados del mismo nombre.
Anoche continuaban de forma esporádica los intercambios de artillería entre Hezbolá y el Ejército israelí, que por la tarde también había usado la aviación para responder a los ataques del movimiento libanés. Los incidentes tienen lugar en las llamadas granjas de Shaba (Har Dov para los israelíes), un territorio que Israel conquistó a Siria en 1967, pero que Líbano reclama como propio. La ONU ha dado por buena la retirada israelí de territorio libanés de junio de 2001.
Se trató del segundo día consecutivo que Hezbolá disparaba contra posiciones israelíes y la tercera vez desde el sábado. El martes, Sharon advirtió a Siria, a quien considera responsable de las acciones de Hezbolá, que no es inmune a un ataque israelí. El Gabinete de Seguridad israelí estudiaba esta madrugada la situación en la frontera con Líbano. Este país comunicó ayer al secretario general de la ONU que "apoya las acciones de resistencia de Hezbolá en las granjas de Shaba".
En una decisión, en principio no vinculada con estos sucesos, Siria inició ayer el repliegue de parte de los 20.000 soldados que aún tiene estacionados en Líbano. Testigos presenciales relataron que las fuerzas destacadas en las afueras de Beirut (de donde ya se retiraron el año pasado) habían comenzado a abandonar sus posiciones y se dirigían hacia la frontera siria.
La agencia de la ONU para los refugiados palestinos, UNRWA, mostró su preocupación porque "miles de palestinos se encuentran atrapados con cada vez menos reservas de comida y agua". La policía dispersó con gases lacrimógenos a un grupo de pacifistas árabes y judíos que intentaron forzar su entrada por el paso de Kalandia para llevar víveres a la población sitiada.
El Ejército israelí concluyó también el registro del cuartel general de la Seguridad Preventiva en Betania. Tras la salida la noche anterior de 200 personas, entre ellas numerosos empleados civiles incluidas algunas mujeres, los soldados descubrieron que no quedaba nadie más en el edificio, a pesar de que el jefe de ese cuerpo, el coronel Yibril Rayub, había asegurado que eran 400 los ocupantes. A pesar de organizar la entrega del cuartel por teléfono, Rayub no se encontraba finalmente dentro.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de abril de 2002