Giovanni Greco, el capo (jefe) de la Cosa Nostra que huyó de España días antes de que el Gobierno concediera su extradición, ha regresado a su refugio en Cala Llombarts, a 59 kilómetros de Palma de Mallorca. El jefe de la Mafia aprovechó una larga cadena de errores judiciales para huir y puso en un aprieto al Gobierno, que en agosto de 2000 anunció su entrega a Italia sin saber que llevaba varias semanas fugado. EL PAÍS ha comprobado que Greco se encuentra en su casa desde hace dos semanas pese a que todavía está vigente una orden de búsqueda y captura internacional para su extradición.
El jefe de Cosa Nostra figura en el libro de los delincuentes más buscados de Italia
El 13 de junio de 2000, Giovanni Greco, al que la prensa italiana bautizó como Killer (asesino), miembro de la facción 'moderada' de Cosa Nostra y contrario a Totó Riína, salió a pescar emperadores a bordo del barco Tomalu, y no regresó. En su chalé de Cala Llombarts, al borde de un impresionante acantilado, quedaron su esposa, Ángela Ficano; sus hijos Salvatore, Antonella y Miguel, y un enorme dogo de fauces húmedas y desproporcionadas.
Un día antes, su abogado le comunicó una noticia agridulce: el Tribunal Constitucional había estimado parcialmente su recurso y anulado su extradición a Italia, concedida antes por la Audiencia Nacional, por una condena en ausencia de 27 años por intento de homicidio y asociación mafiosa, pero el fallo permitía que fuera extraditado por dos asesinatos por los que no había sido juzgado. Greco decidió salir a 'pescar emperadores' por una larga temporada.
Hace quince días, casi dos años después de su sonada fuga, el italiano bajito, de anchas espaldas, brazos corpulentos y nariz afilada, regresó en silencio a su refugio de Cala Llombarts con la misma sonrisa con la que se marchó de este paraíso en el que residen 500 habitantes, en su mayoría turistas suizos y alemanes, y desde el que se divisa una de las panorámicas más formidables de la isla.
Pescado fresco
Greco ha vuelto a pecho descubierto y acompañado de Ángela, su mujer, que también se había esfumado para encontrarse con su esposo. Ha salido a pescar a pulmón y visitado a sus amigos, a los que ha obsequiado con un caja de pescados atravesados por su arpón. A todos los que han querido oírle les ha contado que 'regresó a Italia para buscar pruebas en su defensa' y salió absuelto del juicio celebrado en Palermo en el que estaba imputado en dos asesinatos.
El jefe de la Mafia siciliana no miente a sus vecinos. El pasado verano, mientras permanecía huido, el juzgado de Palermo que reclamaba su extradición celebró la vista en su ausencia y le absolvió del asesinato de Salvatore Mazzola y Giacomo Palazzolo, acribillados a tiros en Cinisi (Italia). Greco respiró tranquilo cuando recibió la noticia en su ignoto paradero, pero permaneció oculto hasta ahora, que ha regresado de puntillas a su chalé de Cala Llombarts.
Pero la absolución del juicio que tenía pendiente no ha provocado, al menos de momento, que se haya levantado la orden de búsqueda y captura internacional dictada por la policía cuando descubrió, con 51 días de retraso, que había faltado a su cita diaria en el Juzgado de Manacor, en Palma de Mallorca, donde tenía que estampar su firma cada mañana desde que la Audiencia Nacional le concedió la libertad provisional bajo fianza de un millón de pesetas.
'La orden sigue vigente. No consta que el fiscal haya pedido que se deje sin efecto. Ni ha llegado ninguna petición de las autoridades italianas en ese sentido', señala la secretaria de la Sección Primera de lo Penal de la Audiencia Nacional, en la que se tramitó su extradición. El enlace italiano de Interpol en Madrid también asegura que Greco sigue en el libro de los delincuentes más buscados de ese país y asegura que continúa en búsqueda y captura. Una fuente policial española lo corrobora.
Giovanni se ha recluido en su chalé de una planta y jardín, desde el que escucha cómo rompen las olas en el acantilado. Junto a la casa, rodeada por un seto que impide ver el interior, están aparcados un Peugeot y un todoterreno.
Desde su regreso, el jefe de Cosa Nostra se ha dejado ver sólo ante sus íntimos. No pasea por las calles de la urbanización ni juega al fútbol con los jóvenes mallorquines de este pueblo que, según el testimonio de algunos vecinos, le veneran. 'Entre los muchachos era un líder', sentencia una turista jubilada. Con ellos salía a pescar calamares, organizaba carreras de motos y cocinaba pizzas gigantes. Entonces se hacía llamar Franco y su mujer decía ser Francesca.
A algunos les confesó que además de la policía le perseguía la Mafia. Greco pertenecía a una facción de Cosa Nostra enfrentada a Totó Riína, hoy encarcelado, y a Bernardo Provenzano, el jefe de los jefes, fugado hace más de 30 años. Cuando los corleoneses iniciaron la operación limpieza, el núcleo de Greco, liderado por Salvatore Contorno, Girolamo Teresí y Stefano Bontane, se convirtió en blanco prioritario. Riína asesinó a Bontane y se coronó como el gran capo de Cosa Nostra. Giovanni Greco, que entonces tenía 22 años, huyó y organizó el contraataque. El día de Navidad de 1982 disparó a su primo Pino Greco, jefe militar del grupo rival, pero el chaleco antibalas le salvó la vida.
Desde entonces, Giovanni está condenado a muerte. Su padre fue asesinado cuando bebía agua en la fuente de su pueblo y el hermano de Ángela, su mujer, fue acribillado a balazos. La pareja huyó de Italia e inició un largo periplo con una primera escala en Brasil. Luego, Ibiza, y después, Palma de Mallorca. Desde 1982, España se convirtió en su madriguera más segura, al igual que para otros centenares de mafiosos italianos. Un lugar cálido hasta que el Tribunal Constitucional concedió la extradición que reclamaba, una y otra vez, el Estado italiano.
A las siete y media de la mañana del pasado viernes, Greco salió de su chalé con sus hijos, se subió a su todoterreno y los llevó al colegio de un pueblo próximo. Después, regresó a su refugio. No hubo pesca ni paseos. El jueves, Ángela salió a comprar a Santanyí y se dejó ver junto a la cabina del teléfono público que frecuenta pese a llevar un móvil en su mano derecha. Casi nadie se fija en ellos.
España, el paraíso perdido
La sentencia del Tribunal Constitucional de junio de 2000 que permitía la extradición de Giovanni Greco a Italia por los presuntos delitos que tenía pendientes de juicio, pero anulaba la entrega aprobada antes por la Audiencia Nacional para que cumpliera una condena firme de 27 años por intento de homicidio y asociación mafiosa, se convertirá en un poderoso parapeto legal del mafioso italiano. Fuentes judiciales señalan que si Greco acredita ante la Audiencia Nacional haber sido absuelto en firme del juicio por dos asesinatos que tenía pendiente en Palermo, y para el que se autorizó su extradición, el Gobierno español tendrá 'difícil' su entrega a Italia. El Tribunal Constitucional rechazó su entrega por los delitos por los que estaba condenado al negarse a reconocer los juicios en rebeldía celebrados en Italia. El Gobierno italiano calificó la sentencia como 'un error histórico de consecuencias fatales' y destacó que la postura del Constitucional no se daba 'en ningún país de Europa'. Este periódico no ha conseguido localizar al letrado de Greco para recabar su opinión, pero fuentes del Juzgado de Manacor (Palma de Mallorca) del que dependía antes de su fuga, señalan que no han vuelto a tener noticias del italiano desde su fuga. Siguiendo recomendaciones de la Fiscalía de la Audiencia Nacional, la policía anuló la detención de mil mafiosos italianos que se habían refugiado en España para blindarse y evitar su extradición a Italia. Podían ser detenidos en cualquier país de Europa menos en el Estado español. Tras la denuncia de esta situación, Interior activó su búsqueda y la fiscalía y el Constitucional modificaron su criterio.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de mayo de 2002