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Un rosario de errores judiciales que no fueron investigados

El 4 de agosto de 2000, Pío Cabanillas, portavoz del Gobierno, anunció a bombo y platillo la inminente entrega de Giovanni Greco y la enmarcó en el éxito del acuerdo firmado poco antes por Ángel Acebes, ministro de Justicia, y Piero Fassino, su homólogo italiano, para terminar con la inmunidad de centenares de mafiosos italianos en España.

La extradición del capo (jefe) de Cosa Nostra fue un fiasco. Al día siguiente trascendió que el mafioso se había fugado dos meses antes sin que los jueces de la Audiencia Nacional, que le habían otorgado la libertad provisional, y la policía se hubieran enterado de su marcha.

El mafioso había huido en junio, pocos días después de que conociera la sentencia del Tribunal Constitucional que permitía su entrega. El 14 de junio de ese mismo año, un redactor de este periódico fue invitado a pasar al chalé de Cala Llombarts para comprobar que Giovanni no estaba allí. 'Ha salido a pescar emperadores y no sabemos cuándo volverá. Puede tardar días', dijo su hermano Giuseppe, que en el municipio se hace llamar Roberto.

El 10 de julio, 27 días después de que Greco dejara de acudir a los juzgados de Manacor (Palma de Mallorca), donde tenía que presentarse a diario, los magistrados Siro García, Manuela Fernández Prado y Antonio Díaz Delgado dictaron un auto en el que declararon procedente su extradición.

La Sala mandó un exhorto a los juzgados de Manacor para que notificara su auto a Greco y los funcionarios no pudieron entregarlo porque el italiano cuya extradición reclamaba Fassino ya había abandonado su casa en el oasis de Cala Llombarts.

El 28 de julio, la fiscalía reaccionó y envió un escrito a la Sala en el que pidió que se decretara la prisión preventiva extradicional condicional de Greco. El fiscal Ignacio Peláez, hoy enlace judicial en Bruselas, advertía de que Greco 'pudiera estar preparando su salida de España'. La fiscalía destacaba que no había obstáculos para su entrega y reclamaba que el Consejo de Ministros acordara su entrega. Pero cuando la Sala y el Gobierno aprobaron la extradición ya era demasiado tarde.

A diferencia del reciente caso de Carlos Ruiz Santamaría, Carlos el Negro, narcotraficante fugado, la huida de Greco no provocó ninguna investigación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de mayo de 2002