La pelota ha cambiado. Para mantener el pulso vital ha presentado a dos pelotaris por empresa en las semifinales del Manomanista, de forma que el interés mantenga un tono morboso. Se quiera o no, la historia de la pelota también está marcada por las pugnas empresariales. Pero sobre todo, el Manomanista ha regenerado a sus protagonistas. Las sucesivas finales entre Rubén Beloki y Patxi Eugi amenazaban con una rutina desaconsejable en un deporte minoritario. Ambos llenaban los frontones, por tradición y por calidad, pero se mostraban incaspaces de proponer una final emotiva: el que ganaba, vapuleaba al contrario y el mundo pelotazale vivía de los recuerdos que, por ejemplo, dejó la final del cuatro y medio entre Retegi y Titín III.
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Este no es el caso. Beloki ha resistido el empujón, mientras Eugi ha caído, preso de una sinusitis y del sotamano de Imanol Agirre, que se ha unido a dos personajes singulares de la pelota en el actual momento, Abel Barriola y Mikel Goñi.
Las semifinales ofertan todo: un campeón (Beloki) como mandan los cánones; un aspirante cualificado (Barriola) que une a su juventud (22 años) un título, buena pegada y mucha consistencia; una incógnita (Mikel Goñi), mezcla de morbo y cualidades, el pelotari inesperado que puede amargar la tarde a cualquiera, e Imanol Aguirre, la sorpresa que devuelve a Vizcaya la pasión por la pelota y que ha dejado en el camino a dos personajes singulares, Patxi Ruiz y Patxi Eugi, rompiendo pronósticos y apuestas.
El duelo entre Agirre y Barriola de hoy se antoja nuevamente desigual, pero a buen seguro la cátedra se tentará la ropa antes de declarar en exceso sus prioridades. Ambos son pelotaris sometidos a presión. Agirre, campeón estatal y mundial en aficionados, reclamó los servicios psicológicos para superar la adversidad del profesionalismo, que atenazó sus manos y su cabeza, condenándole a los puestos bajos del cuadro.
Barriola ha soportado la presión empresarial. Sus discrepancias con Asegarce para la renovación del contrato motivaron que fuera relegado del Mano Parejas, una decisión que estuvo a punto de promover una huelga de pelotaris por considerar un atropello la prepotencia empresarial. A los 22 años es una experiencia muy fuerte para un pelotari que venía de ganar un campeonato complejo, el Cuatro y medio, contra pronóstico. Duelo, pues, de manos y de cabeza. Otra vez el sotamano de Agirre contra la pegada de Barriola para ganar el peloteo en cada tanto. Una incógnita.
Beloki y Goñi también oponen sus distintos temperamentos. Rubén Beloki, el campeón manomanista más joven de la historia, también pasó su vía crucis particular. Se le acusaba de contrastar su fuerza en el brazo (es un pelotari con una palanca espectacular) con una acusada debilidad psicológica que le impedía levantar los partidos complicados. Lo ha superado. A priori, a Beloki es imposible ganarle si no se le busca la pared y se le obliga a jugar de zurda. Quien no arrima, pierde, a poco que el de Burlada esté en condiciones normales. Es el favorito y eso pesa en el frontón.
Probablemente Mikel Goñi sea el peor rival para Beloki (ya le ganó en un mano a mano en Vitoria). Pega mucho y resulta imprevisible. Ni él sabe cómo va a jugar cada tanto. Improvisa, no piensa, por eso llena el frontón.
Lo cierto es que la pelota se regenera. Por fin unas semifinales distintas. Quizá por eso la entrada se eleva a 100 euros en el Ogueta (Beloki-Goñi II). El precio de una final.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de mayo de 2002