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Campeonatos de Europa al aire libre | ATLETISMO

El acero detrás de la sonrisa

A Martínez se le tenía por un buen diésel y ayer ganó con una última vuelta en 57 segundos

Uno ve a Chema Martínez y le entra la necesidad de sumarse a la fiesta. Es un hombre extrovertido y simpático, de los hacen grupo, por hablar en el argot de los deportistas. Ayer era una bombilla de luz. Acababa de ganar la final de 10.000 metros y sabía que toda su carrera había merecido la pena. Probablemente nunca se imaginó en esta situación, con Dieter Baumann, campeón olímpico de 5.000 metros en Barcelona 92, dándole una palmada de reconocimiento. Chema viene de otra historia, de una tardía carrera como atleta que comenzó realmente pasados los 20 años, tras acabar sus estudios de Educación Física en Madrid. Nacido en Villaviciosa de Odón, encontró en su carrera todo aquello que marcaría su trayectoria profesional y personal. En el INEF conoció a la que es su esposa, Natalia Moreno, jugadora internacional de hockey sobre hierba. También coincidió allí con Fernando Lozano, compañero de curso y ahora su entrenador. Lozano, profesor en el Instituto de Vicálvaro, es un caso curioso: no dirige a ningún otro atleta. Está, por así decirlo, fuera del circuito. Lo suyo es preparar a un atleta que antes fue su amigo y compañero de curso, uno que acaba de ganar la final de 10.000 metros a un campeón olímpico.

Chema ha seguido un trayecto bastante habitual entre los fondistas españoles. No fue un fenómeno juvenil, ni tan siquiera el típico atleta prometedor. Su origen está, como el de tantos excelentes especialistas, en las carreras populares y en el cross. El paso a la pista fue una consecuencia natural, unida a una meticulosa relación con su trabajo como atleta. Detrás de su expansivo carácter hay un hombre minucioso que ha vivido como un monje los dos últimos meses. Se trasladó a la sierra de Madrid para completar un intenso plan de entrenamiento en altura. No bajó un día a la capital, no pasó por su casa, no cedió un milímetro en la voluntad de hacer algo grande en los Campeonatos de Europa. Fueron 52 días de entrenamientos sin descanso, el trabajo necesario y preciso para lograr en Múnich lo que imaginó en los Mundiales de Edmonton. Allí fue el tercero de los españoles en aquel 10.000 espectacular frente a los kenianos. Perdieron, pero les hicieron frente. Lo mejor fue que Fabián Roncero, José Ríos y Chema Martínez tomaron conciencia de sus posibilidades. Fuera de los africanos, pocos podrían vencerles. En Europa, prácticamente nadie.

Desde entonces, Chema puso su mirada en Munich. Al menos su mirada cercana. La otra, la que le obliga a mirar con perspectiva, le avisa de su condición de maratoniano. "Soy un maratoniano", dijo ayer. Curiosa conclusión para el atleta que acababa de ganar los 10.000 metros. Pero Chema sabe que el 10.000 es un coto cerrado de etíopes y kenianos. Así que este año disputó su primer maratón. Fue en Rótterdam y lo corrió en 2h 09m 55s, una marca interesante para un novato. Lo que quizá no sospechaba es que todavía tendría su gran oportunidad en la pista. Nadie le daba como favorito en la prueba de 10.000, si acaso se le esperaba en el papel de animador de la carrera. Pero Martínez es un tipo tenaz. Como él dice, "no hay año que no mejore", y habla un atleta de 30 años que ha pasado de la periferia del atletismo al escenario central. No es de esos que dejan pasar oportunidades. Podrá ser divertido, podrá afeitarse la cabeza y hacer lo mismo con Ríos -como hizo ayer por la mañana-, podrá tener menos nombre que otros fondistas españoles, lo que no le falta es ambición, el deseo competitivo de superar a sus rivales y superarse a sí mismo. Si no, ¿de qué manera iba a lograr su punta de velocidad, hasta ahora inadvertida? Se le tenía por un buen diésel y, de repente, se impone a gente como Baumann en una última vuelta de 57 segundos. Eso es voluntad y trabajo bien hecho, aunque sea a costa de los tremendos 200 kilómetros de entrenamiento que acumula por semana. Los resultados hablan con elocuencia: basta ver lo que sucedió ayer en Múnich.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de agosto de 2002