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El macarrónico inglés de Chema

Suena, en silencio, vibra, el teléfono móvil, miniatura azul brillante y plata, de José Ríos. Una llamada más de felicitación. Otro amigo que le telefonea para celebrar la medalla de bronce que ha conseguido apenas media hora antes. Responde el fondista de Argentona (Barcelona), y no responde muy feliz, responde con la voz apagada. "Nada, no estoy contento", dice. "Más bien estoy enfadado. Yo quería ser primero, pero en cuanto vi que llovía, ya le dije a mi entrenador, Juan Ramón Muñoz, que aquello no iba a funcionar, que no iba a tener velocidad al final". Está triste y ha ganado una medalla. "Pero yo iba a por la de oro. Cuando dejé la carnicería no lo hice por dinero, que más seguro que la carne no hay nada, ni por otra cosa que no fuera la gloria. Y la gloria es el oro", dice más tarde. "Quizás mañana lo habré asimilado, pero ahora no. Hemos hecho bien la carrera a medias, hemos hecho lo que habíamos hablado, pero yo he dado la cara un poco más que Chema y, además, estaba más marcado, en cuanto me movía yo, los demás reaccionaban en cadena. He pagado mi condición de favorito, pero sabíamos que Chema podía llegar".

Y nada más decir esto, apareció por allí, por la sala de prensa donde iban a dar su conferencia de medallistas, el campeón, Chema Martínez. Y, automáticamente, se acabaron los discursos serios. La responsable le pregunta a Ríos si sabe alemán, o inglés, y el catalán le dice que ni idea, que sólo habla español y que si no hay intérprete, pero que tranquilos. E inmediatamente comienza la conferencia de prensa más desternillante de la historia de los Campeonatos de Europa. En una esquina, Baumann, la plata, el alemán que ante su público se ha redimido. En el centro Martínez, con el micrófono, y a su lado Ríos, con cara de no enterarse de mucho y no tener ganas de saber lo que de verdad pasa. Martínez habla y habla en inglés de indio de película, pero se hace entender. "Es el día más feliz de mi vida", dice. "Me acuerdo de ver por la tele a Baumann ganar en Barcelona a los africanos y estoy contento de verle aquí. Pero estoy tan emocionado que no puedo hablar más..."

Pero siguió hablando, ahora traduciendo a su amigo Ríos, que le habla en bajito y él traduce, a su manera, en alto. "Dice que Chema, que soy yo, por cierto, es el mejor y una gran persona". Todo el mundo se ríe y Martínez más. Pero Ríos quiere hablar en serio y también se acuerda de Baumann, y levanta la voz para decir que él sí que estuvo en el estadio de Montjuïc viendo ganar al alemán en 1992 y que le gustó mucho, y le gusta más que ahora, 10 años después, siga en activo y dando guerra. "Aunque me haya ganado, me fastidia, pero qué le vamos a hacer".

Martínez traduce, incontenible, en estado de exaltación de la amistad pura y dura, y también responde en inglés a una periodista que le pregunta en español si no era raro que le hubiera ganado a Ríos, cuando Ríos siempre le ha ganado a él, y Martínez -que se disculpa, "mi inglés no es bueno", dice, "pero no os creáis, mi español es mucho mejor"-, responde que era así, pero que como son amigos han decidido cambiar por un día. "Y a mí me ha ido mejor". Gran carcajada general y Ríos, ya mosqueado, que se queja: "Si no hablas español no me entero".

Pero la cosa no pasa de ahí. El final es emotivo de nuevo. Baumann se confiesa conmovido por las "sinceras felicitaciones" de los españoles y se levanta y llena tres copas de cerveza y les ofrece una a sus amigos y rivales, y dice que hay que brindar y hacer una foto oficial, y que está emocionado. Y todos se ponen de pie y todos se emocionan un poco. Un 10.000 histórico, sin duda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de agosto de 2002