Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

EE UU busca con pactos bilaterales la inmunidad de sus 'cascos azules'

Estados Unidos sigue trabajando para lograr que sus ciudadanos queden eternamente fuera del alcance de la nueva Corte Penal Internacional (CPI). El mes pasado, el Consejo de Seguridad de la ONU concedió a las fuerzas de pacificación estadounidenses en el extranjero un año de inmunidad frente a posibles acusaciones de crímenes de guerra. Pero Washington quiere que los suyos disfruten de una inmunidad indefinida, y está negociando tratados bilaterales en ese sentido. Rumania e Israel ya se han comprometido a no llevar nunca a un ciudadano de EE UU ante la CPI. Italia podría ser el siguiente país en firmar la renuncia.

El ex presidente Bill Clinton firmó el tratado de constitución de la CPI, pero su sucesor, George W. Bush, rechazó desde el principio la sumisión de la hiperpotencia a un tribunal internacional. Bush alega que los soldados y funcionarios de EE UU, presentes en casi todo el planeta y percibidos en ciertos casos como una fuerza imperial, podrían ser víctimas de acusaciones injustas ante la CPI. El hecho de que, según el tratado por el que se constituyo la Corte, el Consejo de Seguridad de la ONU pueda archivar con rapidez sumarios que no se apoyen en indicios sólidos, no es considerado una garantía suficiente por la Casa Blanca.

Además de no formar parte del CPI, Washington quiere quedar para siempre fuera de su jurisdicción. Como la ONU sólo ha podido ofrecer un año de inmunidad, se ha puesto en práctica el mecanismo alternativo de negociar individualmente con los 77 países miembros del tribunal, entre ellos todos los de la Unión Europea.

'Escandaloso'

La cadena de blindajes ha sido deplorada por los grupos defensores de los derechos humanos, que consideran que erosiona la autoridad del CPI. 'Es escandaloso; EE UU debería promover la justicia en lugar de huir de ella', dijo Álex Arriaga, director de relaciones gubernamentales de Amnistía Internacional.

Para atraer firmantes, Washington da a entender que los acuerdos de inmunidad constituyen una demostración de buenas relaciones y proporcionarán a los firmantes un trato especialmente benévolo por parte de la hiperpotencia. Rumania, el primer país que accedió a la petición estadounidense, el pasado 1 de agosto, ha solicitado el ingreso en la OTAN y debe recibir una respuesta antes de fin de año: el tratado incrementa, indudablemente, sus posibilidades de ser admitido como miembro. El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, ha expresado su voluntad de intensificar las relaciones con EE UU, y una de las vías para ello es el tratado de inmunidad.

En cuanto a Israel, se trata de un caso singular. Ariel Sharon teme que las operaciones israelíes contra zonas palestinas acaben en alguna acusación ante el CPI, y ha optado por establecer con Washington un acuerdo recíproco: Israel se compromete a no acusar nunca a un ciudadano estadounidense, y EE UU, a no acusar nunca a un israelí.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de agosto de 2002