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Crónica:FÚTBOL | La jornada de Liga

El Valladolid destroza a la Real

El conjunto donostiarra pierde el liderato en 20 minutos espantosos

Habían pasado solo 90 segundos de partido y la Real ya había dejado de ser el líder. Aún peor, cinco minutos después el rival comenzaba a poner la sentencia a un choque que se terminó en el minuto 20 cuando consiguió su tercer gol. Entonces la Real se despertó de un mal sueño en el que uno de los equipos que menos goles hace, que más dificultades tiene para acercarse al área del rival, sea el Madrid o el Rayo Vallecano, le había acertado tres veces entre los tres palos sin que ni Kovacevic ni Khokhlov ni nadie hubiese enganchado una ocasión clara. Ese mal sueño no entraba en los planes de Reynald Denoueix ni casi en los de José Moré porque el Valladolid estaba al filo de incorporarse a los tres del descenso después de tres jornadas consecutivas de derrotas y cuando la falta de gol y la endeblez de la defensa comenzaban a ser un problema asfixiante.

VALLADOLID 3 - REAL SOCIEDAD 0

Valladolid: Bizarri; Torres Gómez, Gaspar, Peña, Mustafá, Óscar Sánchez; Sales, Colsa, Óscar González (Aganzo, m. 77), Olivera (Chema, m. 78); y Pachón (Jesús, m. 65).

Real Sociedad: Westerveld; Rekarte, Jauregi, Boris, Aranzabal; Tayfun, Xabi Alonso, Karpin, De Pedro; Khoklov (Aranburu, m. 74) y Kovacevic.

Goles: 1-0. M. 1. Óscar González se escapa entre los centrales, Westerbel rechaza su disparo y el balón va a Olivera, que marca de disparo cruzado.

2-0. M. 7. Sales centra desde la derecha, Óscar González toca con la cabeza y el balón le cae a Olivera, que vuelve a marcar.

3-0. M. 21. Óscar González cabecea a la red un saque de esquina de Olivera, después de que Aranzabal peinase el balón.

Árbitro: Undiano Mallenco. Amonestó a Mustafá y Rekarte.

Unos 12.000 espectadores en Zorrilla.

Sin embargo, ayer se solucionó todo o casi todo. Y fue a solucionarse ante el rival más inesperado, el líder, el conjunto más ferreo de la categoría. Para que todo fuese perfecto llegó la resurrección de Olivera, que hasta ayer lo único que había hecho era extraviar la confianza del entrenador cada vez que se la entregaba. Pero el Valladolid se encontró que lo que siempre le había faltado, un conductor en el centro del campo, alguién que repartiese balones a las bandas, lo tenía en Oscar González, que, por fin, tomó los galones vacios desde la retirada de Eusebio.

El primer gol enseño el camino al Valladolid y también a la Real. Óscar González cogió el balón en el centro del campo, esprintó, rompió en el pasillo que le dejaban los tres centrales y el rechace de su remate le cayó a Olivera. Tanto le enseño al Valladolid el camino que el segundo fue un calco del primero y con los mismos futbolistas metidos en el ajo: Óscar González en la jugada, esta vez con Sales de intermediario y Olivera en el remate.

El fútbol de sociedades que propone Denoueix se estrelló ayer contra la que formaron Óscar González y Olivera, que, a la que había un contragolpe, se las apañaban ellos solos para enredar a los centrales de la Real. El tercer gol terminó de desquiciar al cuadro donostiarra, que perdía el liderato y de una forma casi escandalosa.

Pero quedaba mucho tiempo y es el equipo de Denoueix un gran aficionado a solventar papeletas complicadas. Lo hizo en Valencia, donde perdía por dos goles. Pero ayer la historia iba a pintar muy diferente porque todo lo que hacía le salía mal. Tan mal que la primera ocasión clara de gol se fue a la base del poste en un cabezazo de Jauregi. Y todo le salió mal porque sus vías habituales estaban obstruidas. Para Xabi Alonso, Moré había dispuesto a Colsa; para Kovacevic, un central más de los dos habituales, Gaspar, y para las bandas, un ejercicio constante de ayudas de los volantes a los laterales. Nihat ausente, Alonso cerrado y De Pedro dimitido, a la Real solo le quedaba Karpin para encauzar el ejercicio de fe que suponía pensar en una remontada. Las ocasiones no llegaban a la portería de Bizarri, sino que seguían sucediéndose delante de Westerveld, que todavía salvó un par de remates a bocajarro del Valladolid.

La segunda parte no le sirvió de nada a la Real. Al contrario, afeó aún más su comportamiento porque los que habían aparecido poco en la primera se borraron en la segunda y los que si habían estado dejaron de hacerlo. De Pedro sólo fue capaz de poner un centro con sentido en todo ese tiempo, Xabi Alonso renunció a todo a favor de Karpin y Kovacevic se hartó de pelearse con su par y terminó por abandonar la guerra de guerrillas a la que había sometido a sus marcadores durante todo el choque. Denoueix ni siquiera buscó en el banquillo para modificar lo que estaba ocurriendo, porque todo le salió mal y la Real se marchó de Valladolid sin el liderato, con tres goles en el saco y con la fea sensación de que su brillante trayectoria se desinfló en veinte minutos espantosos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2003