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LA SITUACIÓN DE LOS ALUMNOS INMIGRANTES

El 33% de los extranjeros no requiere atención específica en los colegios

Sólo necesitan apoyo los que llegan con retraso académico o desconocen la lengua

Ni tienen todos los estudiantes inmigrantes necesidades educativas específicas ni, cuando las precisan, son del mismo grado. Un análisis de los últimos datos refleja que un tercio no necesita apoyo lingüístico y tampoco académico. La edad y la procedencia son factores clave.

No todos los alumnos inmigrantes significan lo mismo para el sistema educativo. Porque no todos requieren la misma atención, ni siquiera todos requieren de medidas específicas. Sólo plantean exigencias extraordinarias a los centros escolares aquellos chicos extranjeros que bien se incorporan tarde sin dominar la lengua de enseñanza o bien los que lo hacen con un nivel inferior al que corresponde a su edad.

En cifras: de los 300.000 alumnos inmigrantes matriculados el curso pasado en colegios e institutos españoles (este año son 100.000 más, es decir, 400.000), un tercio no tiene problema alguno, como consecuencia de haberse incorporado pronto al sistema educativo.

Ésta es la conclusión a la que llega el catedrático de Sociología, Opinión Pública y Cultura de Masas, de la Universidad Complutense, Julio Carabaña, en el artículo La inmigración y la escuela publicado en el último número de la revista Economistas que dedica un monográfico al fenómeno de la inmigración en España. Actualmente, el 5% de los alumnos de las escuelas españolas son extranjeros. En el curso 2002-2003, en comunidades como Madrid y Baleares este porcentaje se elevaba al 9%, y se situaba entre el 5% y el 6% en Navarra, La Rioja, Murcia, Canarias, Valencia, Cataluña y Aragón.

"Los niños invierten entre tres meses y un curso en adquirir el dominio del idioma"

Carabaña da en su artículo una explicación sobre los efectos que tiene el alumnado extranjero en las aulas españolas: "Por importante que sea, la mera cantidad de extranjeros o de inmigrantes no dice mucho sobre las exigencias que plantean al sistema escolar. Lo importante son ciertas cualidades o características de las que depende el que sean o no más difíciles que el resto de los alumnos". Y estos rasgos son, básicamente, tres: el desconocimiento de la lengua de destino, un retraso académico a la llegada y la distancia entre las costumbre de la familia y la escuela.

El autor señala que sólo tienen problemas académicos aquellos cuya lengua materna no es el castellano y se han incorporado al sistema escolar español más tarde de los seis o siete años (un tercio del total). Dependiendo de su edad y procedencia, estos niños invierten entre tres meses y un curso en adquirir el dominio suficiente para poder seguir las clases al ritmo de sus compañeros. De este tercio, aproximadamente la mitad procede de Europa y Asia y la otra mitad, de África.

Ocurre parecido en cuanto al nivel de conocimientos: las diferencias sólo son importantes entre los que se incorporan a los centros españoles a una edad avanzada, a partir de los diez años. Estos alumnos que se han incorporado tarde proceden en buena medida de Latinoamérica y tienen que hacer un esfuerzo especial para alcanzar el nivel de sus compañeros, y aun así van algo retrasados en relación a su edad. Los retrasos curriculares suelen ser de un año en los alumnos que vienen de América Latina o del Magreb.

En cuanto a las diferencias culturales entre la familia y la escuela, las complicaciones que pueden generar en el alumno "son difusas" y afectan sobre todo a la organización escolar: que los padres se nieguen a la escolarización de sus hijos, que quieran que chicos y chicas estudien por separado o que eviten comer ciertos alimentos por cuestiones religiosas.

Sin embargo, lo más grave es que los padres eviten o se opongan a la escolarización; sólo se confirma en pocos y localizados casos. La única demanda académica específica es la de poder aprender en la escuela la lengua de los países de origen con vistas a un eventual retorno tras la inmigración.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 2004