No todos los alumnos inmigrantes significan lo mismo para el sistema educativo. Porque no todos requieren la misma atención, ni siquiera todos requieren de medidas específicas. Sólo plantean exigencias extraordinarias a los centros escolares aquellos chicos extranjeros que bien se incorporan tarde sin dominar la lengua de enseñanza o bien los que lo hacen con un nivel inferior al que corresponde a su edad.
En cifras: de los 300.000 alumnos inmigrantes matriculados el curso pasado en colegios e institutos españoles (este año son 100.000 más, es decir, 400.000), un tercio no tiene problema alguno, como consecuencia de haberse incorporado pronto al sistema educativo.
Ésta es la conclusión a la que llega el catedrático de Sociología, Opinión Pública y Cultura de Masas, de la Universidad Complutense, Julio Carabaña, en el artículo La inmigración y la escuela publicado en el último número de la revista Economistas que dedica un monográfico al fenómeno de la inmigración en España. Actualmente, el 5% de los alumnos de las escuelas españolas son extranjeros. En el curso 2002-2003, en comunidades como Madrid y Baleares este porcentaje se elevaba al 9%, y se situaba entre el 5% y el 6% en Navarra, La Rioja, Murcia, Canarias, Valencia, Cataluña y Aragón.
"Los niños invierten entre tres meses y un curso en adquirir el dominio del idioma"
Carabaña da en su artículo una explicación sobre los efectos que tiene el alumnado extranjero en las aulas españolas: "Por importante que sea, la mera cantidad de extranjeros o de inmigrantes no dice mucho sobre las exigencias que plantean al sistema escolar. Lo importante son ciertas cualidades o características de las que depende el que sean o no más difíciles que el resto de los alumnos". Y estos rasgos son, básicamente, tres: el desconocimiento de la lengua de destino, un retraso académico a la llegada y la distancia entre las costumbre de la familia y la escuela.
El autor señala que sólo tienen problemas académicos aquellos cuya lengua materna no es el castellano y se han incorporado al sistema escolar español más tarde de los seis o siete años (un tercio del total). Dependiendo de su edad y procedencia, estos niños invierten entre tres meses y un curso en adquirir el dominio suficiente para poder seguir las clases al ritmo de sus compañeros. De este tercio, aproximadamente la mitad procede de Europa y Asia y la otra mitad, de África.
Ocurre parecido en cuanto al nivel de conocimientos: las diferencias sólo son importantes entre los que se incorporan a los centros españoles a una edad avanzada, a partir de los diez años. Estos alumnos que se han incorporado tarde proceden en buena medida de Latinoamérica y tienen que hacer un esfuerzo especial para alcanzar el nivel de sus compañeros, y aun así van algo retrasados en relación a su edad. Los retrasos curriculares suelen ser de un año en los alumnos que vienen de América Latina o del Magreb.
En cuanto a las diferencias culturales entre la familia y la escuela, las complicaciones que pueden generar en el alumno "son difusas" y afectan sobre todo a la organización escolar: que los padres se nieguen a la escolarización de sus hijos, que quieran que chicos y chicas estudien por separado o que eviten comer ciertos alimentos por cuestiones religiosas.
Sin embargo, lo más grave es que los padres eviten o se opongan a la escolarización; sólo se confirma en pocos y localizados casos. La única demanda académica específica es la de poder aprender en la escuela la lengua de los países de origen con vistas a un eventual retorno tras la inmigración.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de febrero de 2004