Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
Violencia en Afganistán

Los talibanes atacan en el centro de Kabul

Un atentado suicida junto a la Embajada de EE UU causa al menos 16 muertos

Poco antes de las plegarias musulmanas de los viernes a mediodía, un terrorista suicida lanzó ayer su coche cargado de explosivos contra un convoy militar en las proximidades de la Embajada de EE UU en Kabul. El ataque suicida, que causó 16 muertos, siete de ellos extranjeros, y que coincide con el resurgimiento de los talibanes, es el más grave contra las tropas occidentales que ha sacudido la capital afgana desde el 11-S y la expulsión del poder de esos extremistas islámicos en 2001. Tres vehículos militares acababan de dejar la plaza del Gran Masud en dirección a la cercana Embajada norteamericana, en pleno centro de Kabul. De pronto, según un testigo, el conductor de un Toyota azul hizo una maniobra de adelantamiento y se estrelló contra uno de los coches. Los dos soldados que viajaban en él murieron en el acto.

Hasta ahora la violencia se había concentrado sobre todo en el sur del país

En lo que va de año, 106 civiles han muerto en todo el país en ataques talibanes

El hecho de que fuera viernes, el festivo semanal en Afganistán, evitó una matanza. Cualquier otro día, la calle donde se produjo el atentado hubiera estado atestada de gente que acude a comprar a las decenas de pequeños puestos y talleres que la flanquean, y que los viernes permanecen cerrados.

En lo que va de año, 106 civiles han muerto en todo el país en ataques talibanes, según anunció en un comunicado el teniente coronel Paul Fitzpatrick, portavoz de la coalición militar que lidera Estados Unidos. Al menos otros dos soldados estadounidenses se encuentran entre la treintena de heridos que tuvieron que ser hospitalizados, en su mayoría civiles afganos.

La explosión, de bastante potencia, se oyó desde el vecino aeropuerto, donde acababan de aterrizar dos vuelos procedentes de Dubai. La noticia se extendió como la pólvora entre los pasajeros que esperaban sus equipajes en medio del habitual caos afgano. Media hora después, quienes lograron sortear los fardos y maletas que bloqueaban la salida del aeródromo, aún pudieron ver el humo que señalaba el lugar del atentado. Soldados afganos y estadounidenses habían acordonado la zona.

"El ataque de Kabul ha sido obra de un muyahidin llamado Shah Wali, residente de la provincia de Nangarhar", anunció poco después el portavoz talibán Mohamed Hanif, según recogieron las agencias de prensa. Aunque Hanif no dijo cuál había sido el objetivo, a nadie se le escapa que la plaza elegida tiene un gran simbolismo. Allí se encuentra el monumento a Ahmed Shah Masud, el carismático líder de la Alianza del Norte, asesinado presuntamente por Al Qaeda justo hoy hace cinco años, en vísperas del 11-S.

"Había una alerta de seguridad porque todos los años, coincidiendo con los aniversarios, ha habido algún atentado, pero nada de esta envergadura", señalan fuentes diplomáticas occidentales.

Se ha tratado de un atentado muy audaz. A diferencia de ocasiones anteriores en que los talibanes han atacado a las fuerzas extranjeras a las afueras de la capital, ayer lo hicieron en una zona céntrica y especialmente vigilada, ya que en las inmediaciones se encuentran la nueva Embajada de Estados Unidos y el Tribunal Supremo. Tal vez por ello el recurso al ataque suicida, un método que los talibanes empezaron a utilizar a finales del año pasado como parte de una estrategia para ahuyentar a las fuerzas occidentales en Afganistán y desestabilizar al Gobierno del presidente, Hamid Karzai.

El pasado lunes, otro ataque similar mató a un soldado británico y a otras tres personas en Kabul, en la carretera de Jalalabad, también una vía muy transitada por los convoyes militares afganos y extranjeros. Pero el de ayer es uno de los atentados más graves después de que hace cuatro años una bomba dejara casi cuarenta muertos en un mercado de la capital. Desde principios de año, 90 soldados han muerto en combates o atentados en Afganistán.

Sin embargo, hasta ahora la mayor parte de la violencia se ha concentrado en el sur del país, donde los talibanes tienen su base de operaciones y encuentran mayores simpatías. Al menos 2.300 milicianos han perdido la vida en lo que va de año en enfrentamientos con las tropas de la coalición que lidera Estados Unidos, que han dado lugar a algunos de los combates más duros desde que esos extremistas islámicos fueran desalojados del poder en 2001.

Ahora, cinco años después, la mayoría de los observadores admite que se ha producido un resurgimiento de la milicia talibán y que sus fuerzas son capaces de montar operaciones de mucha más envergadura que en el pasado. En gran medida respaldados por el dinero de la droga, los talibanes han mejorado su preparación y su armamento para oponerse a quienes les derrocaron. Por eso, los responsables de la OTAN (que el pasado julio asumió la seguridad en la zona sur de Afganistán) están pidiendo más tropas y equipos para hacer frente a ese peligro.

Justo el pasado sábado, los soldados de la Alianza Atlántica lanzaron su mayor ofensiva contra radicales islamistas, en la que afirman haber dado muerte a tres centenares de milicianos. Ayer, un portavoz desvinculó ese proceso del atentado de Kabul. "No se debe ver un automatismo entre los sucesos de Kabul y el sur... Somos conscientes de una amenaza constante para la que estamos preparados a lo largo del país", declaró Mark Laitty a la agencia Efe.

Laitty señaló que la OTAN revisa las condiciones de seguridad después de cada suceso, aunque de momento no está previsto reforzar las ya "robustas" medidas de seguridad en el cuartel general de su Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF) en Kabul.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de septiembre de 2006