El principal activo que para el PP vasco ha tenido el acuerdo de bases para el cambio que selló con el PSE el 1 de abril de 2009 y que ha dado estabilidad al Ejecutivo de Patxi López probablemente sea su propia existencia. Un compromiso imposible en el resto de España, donde el enfrentamiento entre populares y socialistas crece cada día, ha otorgado al partido de Antonio Basagoiti la mayor influencia que nunca ha tenido en Euskadi. En este año, el Gobierno ha logrado de su socio preferente la investidura de López, presupuestos y sostén parlamentario. El PP, pese a sus quejas, opina que el pacto ha funcionado razonablemente bien. Media docena de parlamentarios populares, entre ellos sus máximos dirigentes, con los que ha hablado EL PAÍS trazan el mismo diagnóstico del año transcurrido y coinciden en que en los próximos 12 meses el Ejecutivo debe mostrarse más audaz en sus decisiones para materializar el cambio.
El PP reprocha al Gobierno su excesiva preocupación por el PNV y las encuestas
Basagoiti: "Creo que López y yo hemos actuado con sentido de la responsabilidad"
Si la negociación se simbolizó en las metáforas de cortejo de Basagoiti, "ahora hay que organizar la convivencia", resume el portavoz parlamentario del PP, Leopoldo Barreda. En el haber, el PP sitúa los avances en política de libertades, las decisiones económicas que "han diferenciado al Gobierno del central" y la propia capacidad de mantener el acuerdo a salvo de la bronca nacional entre las dos formaciones, un equilibrismo no siempre fácil. Con el texto firmado en la mano, los populares ven ya cumplido el 70%.
Sin afectar por ahora a la continuidad del pacto, la columna del debe pesa para los populares, que creen llegada la hora de la exigencia para el segundo año de legislatura. "Nuestro apoyo está garantizado, pero tienen que atreverse a tomar decisiones, dejar el miedo", avisa el número dos popular, Iñaki Oyarzábal. "Parecen mirar mucho a las encuestas y al PNV, con cierto temor reverencial, y es más importante tomar decisiones que buscar el respaldo del PNV", sostiene Barreda, para quien ese "pudor" se vuelve tiempo perdido. Y eso ha pasado, deplora el PP, en materia de inversiones y ejecución presupuestaria, política lingüística y educativa, ciertas infraestructuras, racionalización del entramado institucional, equiparación de ayudas entre los modelos de enseñanza, exigencia del euskera en las oposiciones públicas o su último motivo de recelo; los acercamientos del Ejecutivo al PNV sobre el plan de Convivencia. Reproches que los populares llevaron a la última reunión de la comisión de seguimiento del pacto y que afectan a cuestiones básicas para ellos que ahora, con un presupuesto en marcha y rodaje político, esperan ver materializadas.
"Echamos en falta la aceleración de las inversiones y un ajuste real del gasto corriente, que algunas consejerías no se esfuerzan en reducir", apunta Antón Damborenea, responsable del PP en materia económica y quien negoció con el titular de Hacienda, Carlos Aguirre, el acuerdo más importante en lo que va de legislatura: los actuales presupuestos. Damborenea se muestra exigente: "Las excusas que han valido el primer año ya no valen. Estamos aquí para cambiar ciertas cosas; si vemos que no cambian, el Gobierno no tendrá nuestro apoyo". Los populares reiteran su compromiso de dar cuatro años de estabilidad a López, pero sólo si se cumple lo firmado.
En el Parlamento, donde ha de materializarse, el acuerdo se ha traducido en la aprobación de cinco leyes, tres a iniciativa socialista (medidas presupuestarias urgentes, presupuestos y modificación de la ley de Atención a la Infancia y Adolescencia) y dos por impulso popular (modificación de la ley de Conservación de la Naturaleza y Día del País Vasco).
El PP ha cerrado iniciativas conjuntas con toda la oposición en asuntos de mucho menor calado: sobre un colegio de Santurtzi con el PNV o sobre contaminación lumínica con Aralar. "No estamos comprometidos a votarlo todo con el Gobierno", recuerda Barreda. La mayoría de las diferencias al votar se han dado por rebotes de la política nacional. La crisis del Alakrana motivó a comienzos de octubre la primera derrota parlamentaria del Gobierno en este mandato al sumar sus votos populares y PNV. La segunda llegó mes y medio después por las políticas de empleo. El caso Faisán o la intención del PSE de que la Cámara respalde al juez Garzón son otros ejemplos de desencuentro. Y si en Madrid el PP vasco se ha sentido siempre respaldado por su dirección nacional, en Madrid ve al "mayor enemigo" del acuerdo: el presidente Zapatero y sus consensos con el PNV. "En la medida en que el Gobierno central lo haga mal nos va a afectar", resume Basagoiti. La necesidad de Zapatero de contar con el PNV en materia presupuestaria ha complicado las relaciones entre los socios. Los consultados rememoran el veto peneuvista a la transferencia de las políticas de empleo o su respaldo a la subida del IVA. "El que no se consiga levantar el veto dice muy poco de la capacidad política de López", enfatiza Barreda. "La subida del IVA se va a comer los planes Renove", lamenta Damborenea.
El día a día del acuerdo, que han ido engrasando Oyarzábal y el coordinador del Ejecutivo, Rodolfo Ares, tampoco ha estado exento de roces. El PP censura la falta de fluidez en la relación con algunos departamentos, como Empleo o Transportes, y pide a los socialistas más esfuerzo por cerrar consensos previos. "Si el Gobierno quiere nuestro apoyo en un asunto primero debe hablarlo con nosotros. No vale decir 'mañana llevamos al Consejo un proyecto de ley' y que te lo manden seis horas antes", censura Damborenea, para quien algunos consejeros "se creen con mayoría absoluta". "Lo pactado está pactado; lo demás hay que hablarlo", agrega Barreda.
Además de la comisión de seguimiento, López y Basagoiti han avanzado también en la gestión del pacto en sus contactos personales. El líder popular cree "fluida" su relación con el lehendakari, con quien ha mantenido desde la investidura cuatro reuniones públicas, además de conversaciones telefónicas y algún encuentro reservado. "Creo que los dos hemos actuado con un sentido de responsabilidad, no pensando en votos, sino en conseguir una Euskadi donde se pueda convivir y que tenga opciones distintas a las de los nacionalistas", recalca el líder popular. "Preservar el acuerdo ha sido un éxito de Basagoiti y López", considera la parlamentaria Laura Garrido.
Marcar diferencias con el Gobierno le ha servido al PP para mantener un perfil propio sin verse oscurecido por la acción del Ejecutivo. Basagoiti ha encarnado varias veces ese papel, apretando las tuercas en materias como las inversiones en el metro de Bilbao o el futuro San Mamés, la política de pymes y autónomos o el Guggenheim de Urdaibai. La oposición ve al PP marcando el paso del Ejecutivo; los socialistas le restan importancia.
La mayor crisis que ha vivido el pacto este año no ha venido de su cumplimiento, sino de un hecho ajeno a él, aunque íntimamente conectado: la situación de la Diputación de Álava. El rechazo socialista a facilitar el relevo de Xabier Agirre sigue siendo una herida abierta en el costado popular, aunque aplazada hasta 2011. "Cuando no cumplieron su palabra podríamos haber roto, pero decidimos ser responsables", indica Basagoiti.
El segundo aniversario del Gobierno socialista llegará en 2011 en puertas de la campaña de las elecciones municipales y forales. El pacto entre el PSE y el PP, que tiene claro que cada uno ha de ir a los comicios con manos libres para negociar después en cada lugar, vivirá entonces su mayor prueba. Pero si tras la cita en las urnas el PSE optase por acuerdos generalistas con el PNV "pondría todo en riesgo, y ellos lo saben", concluye Oyarzábal. Y con un voto más que los socialistas en Álava el PP no concibe otra posibilidad que no sea recibir su apoyo para hacerse con la Diputación. De cara a esas elecciones los populares reclaman también mayor implicación del Gobierno vasco para impulsar una política contra cualquier tipo de presencia de la izquierda abertzale ilegalizada.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de mayo de 2010