El presidente internacional de los antiguos deportados al campo de concentración nazi de Mauthausen (Austria), el anglofrancés Robert Sheppard, explicó ayer a EL PAIS que todos los presidentes de las organizaciones de ex deportados habían escrito una carta a Ronald Reagan desaconsejándole la visita al cementario de Bitburg.No obstante, Sheppard, que ayer presidió la primera jornada de la conmemoración M 402 aniversario de la liberación de Mauthausen por las tropas nortamericanas, afirmó que es más preocupante el renacimiento del fascismo y del neonazismo en Europa que una visita a un camposanto donde reposa un millar de soldados alemanes, entre ellos 49 de las SS.
"Personalmente, yo creo que detrás de esta visita hay una operación política, y que tanto Reagan como Helmut Kohl han sido muy mal aconsejados", añadió este ex deportado. Sheppard atribuyó al canciller alemán toda la responsabilidad de que se haya adoptado aquella iniciativa.
"De todas formas", añadió, "para nosotros, los ex deportados, lo más importante son las nuevas generaciones, la vida. En todos los cementarios hay SS enterrados, pero lo preocupante son los SS vivos que hay por todas partes. Lo que lamento es que la gente se escandalice por esa visita y se olvide de lo verdaderamente importante, como es el resurgimiento del neonazismo y de la extrema derecha, como la que representa Jean Marie Le Pen".
Más de 4.000 ex deportados del campo de Mauthausen y familiares desfilaron ayer en silencio desde la plaza del Ayuntamiento de la población del mismo nombre (situada a 170 kilómetros al este de Viena) hasta las cercanías del campo. La manifestación recordaba el camino que debían recorrer los deportados desde la estación de tren de Mauthausen hasta el campo de concentración, cuando eran traídos aquí a la fuerza, desde 1940 hasta 1945. Dos centenares de españoles participaron en este acto, que se celebra cada cinco años la víspera del aniversario de la liberación del campo, el 5 de mayo de 1945. En el campo principal de Mauthausen y en los otros 50 que de él dependían se cree que murieron entre 150.000 y 280.000 personas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de mayo de 1985