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La 'cumbre' de Bonn

Ronald Reagan fracasa en la reunión de los 'siete grandes' en Bonn

Estados Unidos ha fracasado en la cumbre de Bonn al no conseguir alcanzar el único objetivo concreto que perseguía: una fecha en 1986 para iniciar una nueva ronda de conversaciones para liberalizar el comercio mundial. La firme oposición del presidente francés, François Mitterrand, ha impedido un acuerdo unánime entre los siete grandes de Occidente y ha provocado un enfrentamiento importante entre Washington y París. Mitterrand, que ha levantado aquí la bandera de la independencia europea, ha dicho también claramente que no se suma al proyecto norteamericano de la guerra de las galaxias, haciendo también imposible el frente europeo que desea EE UU.

El viaje europeo de Reagan, que mañana llega a Madrid, y que se pensó aprovechar para mejorar la imagen del presidente en Estados Unidos, que había comenzado a sufrir un deterioro, no puede ofrecer aún un sólo triunfo susceptible de ser vendido a la opinión pública norteamericana. La sombra del cementerio de Bitburg con las tumbas de los SS, que hoy será visitado por el presidente, continúa empañando el viaje, a pesar de todos los esfuerzos de los estrategade la Casa Blanca por sacudirse este fantasma. A Reagan le empieza a pasar como a Carter, que no le sale nada bien, afirmaba ayer un comentarista norteamericano.Los aliados tampoco han acepta do la política del presidente haci Centroamérica, al rechazar el em bargo total de¡ comercio con Nicaragua, que Reagan decidió anunciar a su llegada a Europa sin tener en cuenta la sensibilidad existente en este lado de¡ Atlántico sobre la crisis centroamericana. El secretario de Estado, George Shultz, admitió ayer que ningún país apoya el boicoteo contra los sandinistas y que simpacto "no será tremendo". Los portavoces presidenciales presentaban anoche como un triunfo de con solación para EE UU la confirma ción del apoyo de los aliados a las posiciones estratégicas norteamericanas en el diálogo de Ginebra con la Unión Soviética.

El presidente está disgustado po la imposibilidad de obtener una fe cha concreta para iniciar una nue va ronda GATT, en la que EE UU quiere obtener la liberalización d los servicios, alta tecnología y agricultura, sectores en los que tiene una posición dominante, dijo ayer un portavoz del Gobierno. El secretario del Tesoro, James Baker, trató de minimizar lo ocurrido, y afirmó: "No estoy seguro de que hayamos perdido"; aunque tam bién admitió: "Lamentamos la falta de un acuerdo unánime, que 12 mayoría quería".

Mientras altos funcionarios de Washington afirmaban, disgusta dos, que el rechazo francés se debe a sus "problemas de política interna", Miterrand proclamaba, en una conferencia de prensa, que "es preciso que Europa exista". El presidente francés, acusado por la Casa Blanca, tras concluir la cumbre, de explotar su imagen de líder de Europa y querer ser la fuerza dominante, aseguraba con énfasis gau¡lista que la suya "es una causa justa". "Estar solo en Bonn", añadió, .no es estar solo en el mundo".

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Mitterrand se opone a una nueva liberalización del comercio y a que Francia participe en la "guerra de las galaxias"

Viene de la primera páginaMitterrand sostuvo en Bonn que la liberalización del comercio pretendida por Ronald Reagan beneficiaría sobre todo a los productos agrícolas de EE UU. También dijo que no estaba dispuesto a hacer nada en ese sentido sin contar con todos los países del Tercer Mundo, y sin convocar una conferencia que reforme el actual sistema monetario internacional. Estados Unidos no quiere vincular comercio con moneda y sólo ofrece conversaciones técnicas.

Mitterrand está defendiendo una cierta idea de independencia europea, que exige no decir siempre que sí a EE UU y que en la cumbre de Bonn, en los aspectos económicos, ha contado con el apoyo matizado de Italia y del presidente de la Comisión Ejecutiva de la CEE, Jacques Delors, antiguo ministro de Finanzas del Gobierno socialista francés. En el tema de la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI), Mitterrand que dijo ayer que no quiere las migajas destinadas a los subcontratistas y reafirmó que Europa debe presentar su propio proyecto tecnológico, se ha quedado sin embargo más solo.

El canciller de la RFA, Helmut Kohl, que nunca podrá devolver a Reagan el favor de la visita a Bitburg, ha aceptado sin reservas participar en los beneficios de la investigación de la guerra de las galaxias. El canciller se ofrece a cohesionar un frente europeo en este sentido, siempre que el intercambio de beneficios entre ambas orillas del Atlántico sea equitativo.

George Shultz, secretario de Estado norteamericano, volvió a decir ayer que la investigación ya ha sido iniciada y que ya comienzan a ofrecerse sus contratos. "Si ustedes demuestran que tienen capacidad técnica, pueden beneficiarse de los contratos. En esto queremos utilizar las habilidades de todo el mundo". Para Europa, la decisión es crucial porque significa entrar en un programa de 26.000 millones de dólares, unos 4,2 billones de pesetas, que serviría para reengancharse en la revolución tecnológica que ha perdido el viejo continente.

Lo mismo que en el SDI, donde Washington no puede esperar a que los europeos salgan de sus dudas estratégicas y económicas, Estados Unidos manifestó ayer su intención de seguir adelante con la liberalización del comercio mundial. El secretario del Tesoro norteamericano afirmó que "esperaremos un tiempo razonable" para ver si se logra un acuerdo en los próximos meses; en caso contrario, iniciaremos nosotros conversaciones comerciales con países individuales, como lo estamos haciendo con Japón y Canadá o con grupos de países. La apertura del sistema comercial es vital para que siga aumentando el nivel de vida de los norteamericanos y de todo el mundo, explicó George Shultz. Reagan necesitaba el compromiso de una nueva ronda comercial en el seno del GATT para frenar las peligrosas presiones proteccionistas que está exigiendo el Congreso norteamericano.

Reagan ha encontrado un cierto consuelo a la derrota comercial en la aceptación por parte de de las europeas, con diferentes grados de entusiasmo (Italia, Francia y el Reino Unido, escaso, y la RFA, mayor), de liberalizar las rigideces laborales y burocráticas que impiden un crecimiento mayor de sus economías.

No ha obtenido el presidente de EE UU, sin embargo, un compromiso de reactivar las economías del viejo continente para que tomen el relevo de la americana, cuyo crecimiento comienza a detenerse.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de mayo de 1985

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