Unos 150 manifestantes con la cara cubierta, que se metieron entre los 15.000 que protestaban contra la cumbre y la visita del presidente Ronald Reagan, provocaron ayer desórdenes en el centro de Bonn, rompieron a pedradas los cristales de los almacenes de la zona y se enzarzaron a palos con la policía.La actuación de los manifestantes violentos impidió el mitin final de la manifestación contra la cumbre, que había sido convocada por sectores pacifistas y de diferentes grupúsculos de extracción diversa.
Una hora antes de la llegada de la manifestación, el personal que se había reunido en la plaza de la catedral de Bonn no hacía presagiar nada bueno. La estatua del hijo más ilustre de la capital de la República Federal de Alemania, Ludwig van Beethoven, había sido profanada con unas pegatinas del recientemente fallecido dirigente albano Enver Hoxa. Los pasquines llevaban un texto en turco.
Un grupo de rock empezó a animar la espera de la llegada de los manifestantes. La manifestación, que efectuó un largo recorrido hasta llegar a la plaza central prevista para el mitin, llegó acompañada de la parafernalia habitual, los gritos de "¡Fuera Estados Unidos de Nicaragua!" y pancartas que presentaban al tío Sam con sus garras sobre América Latina.
Mientras el ex ministro de Justicia norteamericano Ramsey Clark hablaba de la valiosa aportación del pacifismo alemán al movimiento por la paz en Estados Unidos, algo más de un centenar de manifestantes inició la batalla a palos con la policía, que detuvo a 35 personas.
A la misma hora, a unos centenares de kilómetros de la plaza de Bonn, un grupo de 18 judíos norteamericanos se había encerrado en el terreno del campo de concentración nazi de Bergen-Belsen para celebrar la festividad del sábado.
Los judíos se negaban a abandonar el terreno, que hoy visita el presidente norteamericano Ronald Reagan.
La policía negociaba con ellos a última hora de la tarde. El campo tendrá que ser desalojado y la policía se niega a recurrir a la violencia contra los judíos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 5 de mayo de 1985