Lo primero que se ve al entrar en Kandahar son dos muertos, presumiblemente árabes, tendidos al lado de la carretera del aeropuerto. Ayer todavía se oían tiros y, de vez en cuando, algún cañonazo. Las tropas del jefe pastún Gul Agha, recién nombrado gobernador de Kandahar, aseguran que sólo son tiros de celebración. Pero, cuando anoche empezaron a oírse los disparos, el consejo fue claro: a la habitación, asignada en la mismísima casa del gobernador.
Ayer había dos poderes en Kandahar. A un lado, como en un ring, el jefe pastún Gul Agha, hombre de cuerpo pesado. Llegó a Kandahar el sábado, un día después de que los talibanes abandonaran la ciudad; lo primero que hizo fue ocupar el inmenso edificio que ya habitó como gobernador de Kandahar antes de que llegaran los talibanes. Al otro lado, el futuro presidente afgano, el elegante Hamid Karzai, que ha pacificado a las tribus pastunes.
Unos dos mil presos políticos talibanes fueron liberados por los jefes pastunes de la cárcel de Sargassa. ¿Cómo se podría describir la mirada de aquella gente saliendo con un saco al hombro, en filas, cada uno a su provincia de procedencia y con el dinero suficiente para el viaje? ¿Cómo describir la expresión de sus caras cuando vieron la calle?
JAVIER DEL PINO | Washington
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J .J. AZNÁREZ, ENVIADO ESPECIAL | Caracas
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Los dos españoles que permanecieron secuestrados en Georgia más de un año aterrizaron poco antes de las dos de la madrugada en la base aérea de Getafe, cercana a Madrid. Con 375 días de retraso, les esperaba un nutrido grupo de familiares y amigos.