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Crónica:TOUR 2003

Armstrong se cae con todo el equipo

El norteamericano y dos de sus mejores gregarios, entre los afectados por la caída en el 'sprint' de Meaux, ganado por Petacchi

Cuenta Óscar Freire que, inmerso en la pelea, sucia pelea, luchando entre brazos, codos, hombros, cabezas, culos, ruedas y manillares, no se volvió para mirar, pero que oyó tal estruendo a su espalda que enseguida supo que algo grave había ocurrido. Cacofonía de chirridos de frenos, de imprecaciones en cien idiomas, de insultos, de gritos de dolor, el sonido sordo de un cuerpo cayendo al suelo, ¡zas!

Cuenta Juan Antonio Flecha, un debutante en el Tour, que iba tan tranquilo a cola de pelotón, con sólo dos ciclistas más detrás, meditando sobre lo exagerados que son los veteranos del oficio, ésos que asustan a los novatos diciéndoles que el Tour es la guerra y que más vale que se abrochen bien el casco, cuando, de repente, a 800 metros de que terminara su primera, rápida y apacible primera etapa del Tour, vio ante él una muralla humana. Montones de corredores enredados con radios, cuadros, manillares y sillines, evitando por los pelos los dientes de los platos; y detrás, decenas de compañeros con la barra entre las piernas, los dos pies en el suelo, esperando que se desbloqueara el paso.

Tour 2003 - 1ª Etapa

Montgeron-Meaux, 168 kilómetros

ETAPA

1. Alessandro Petacchi (Fassa) 3h 44.33m

2. Robbie McEwen (Lotto) m. t.

3. Erik Zabel (Telekom) m. t.

7. Óscar Freire (Rabobank) m. t.

GENERAL

1. Bradley McGee (Fdjeux.com) 3h 51.55m

2. David Millar (Coifidis) a 4s

3. Haimar Zubeldia (Euskaltel) a 6s

4. Jan Ullrich (Bianchi) a 6s.

ETAPA DE HOY

Le Ferté sous Jouarre-Sedán, 204 kms.

Entre los caídos estaba el estadounidense Lance Armstrong.

Cuenta José Enrique Gutiérrez Cataluña, apodado El Búfalo por su manera de mover el labio, corredor valenciano bueno y grande, que él, y lo cuenta con el culotte desgarrado, con una herida sangrante en el muslo, con el maillot destrozado por la espalda, iba por la izquierda, por delante y adelantando más, porque al principio sólo pensaba en situarse en la parte delantera para evitar cortes, pero luego, al ver a las piernas portarse tan bien, tan rápidas y ligeras, pensó en algo más ambicioso y decidió intentar meterse en el sprint para hacer un buen puesto, y que, entonces, de repente, uno, de quien no se acuerda, ni de su nombre, ni de su cara, ni del color de su maillot, se le cruzó lo justo para desestabilizarlo. Gutiérrez -él no lo cuenta porque no recuerda más, pero se ve en las repeticiones lentas de la televisión- pierde el pedal y saca el pie para intentar equilibrarse. No lo logra y cae, ¡zas!, pesado, al suelo. Es la hecatombe. Sobre su cuerpo salta, portento de reflejos, Samuel Sánchez. Pero a su lado se produce un terrible efecto dominó: Casper, Rebellin, Lotz, Baldato, Leipheimer, Hamilton, Ekimov, Hincapié y... Armstrong.

Hamilton, el norteamericano que se creía en forma -lo demostró en el prólogo- y capaz de desafiar a su compatriota, fue capaz en 2002 de terminar el Giro y subir al podio con una clavícula rota desde la décima etapa. Ayer se la volvió a romper, la misma. No intentará la heroicidad italiana: se retiró. Leipheimer, otro compatriota que aspiraba al podio, tiene golpes variados y un traumatismo en un muslo, las heridas que convierten el resto del Tour en una tortura, los dolores que generan malas posturas en la cama, contracturas variadas y mal sueño. Armstrong dice que lo suyo y lo de sus compañeros no es nada. Lo que se dice en el argot: chapa y pintura.

Cuenta Chechu Rubiera, doméstico asturiano de Armstrong, que, cuando se cayó, su líder se levantó inmediatamente y que, como su bicicleta estaba maltrecha y la rueda trasera pinchada, le tuvo que dejar la suya. Y que, aunque la caída se había producido en el último kilómetro y, por lo tanto, no contaba el tiempo perdido, Armstrong partió raudo. Poco después llegó Rubiera, arrastrando como podía la bicicleta número 1.

Dos costaladas en tres semanas

Cuentan las crónicas que los signos de debilidad de los favoritos sólo son evidentes a posteriori; que, de repente, alguien recuerda que Indurain nunca pinchaba ni se caía durante sus Tours victoriosos, pero que en el triste del 96 o en el Mundial del 95, cuando le ganó Olano, sufrió pinchazos varios. Pero, dicen los listos, los signos evidentes de que el fin del reinado de Armstrong está próximo se acumulan día tras día como si estuvieran guiados por la alineación de los planetas. En la caída de Meaux, recuerdan, Armstrong se ha vuelto a golpear en el brazo izquierdo, el mismo que se dañó cuando se cayó en la Dauphiné Libéré. Y, añaden, algo tendrá que significar el que un ciclista que parecía tocado por la gracia y siempre evitaba los percances, que la caída más reciente se remontaba a ocho años atrás, se caiga, de repente, dos veces en tres semanas, aunque él no tuviera la culpa en ninguna, ¿o no? Y lo del prólogo, ¿qué?

Pero los que así argumentan son los que creen en los astrólogos y la Luna, replican los fríos y los racionalistas, los que miden el Tour en segundos, no en sensaciones. Pese a caerse, Armstrong ganó la Dauphiné y, pese a tener que curarse con antibióticos de las secuelas y del dolor de estómago, llegó al prólogo del Tour y no lo hizo mal. "No era lo esperado", reconoció en público, quizás actuando -aparte de ciclista, le gusta ser actor-, pero no en privado. Y a los que le azuzan recordándole que permitió que su gregario colombiano Peña le superara les responde que él mismo había azuzado al equipo para hacerlo lo mejor posible, para ganar la clasificación por equipos, la que dicta el orden en la contrarreloj por equipos. Sin embargo, también los fríos reconocen que las caídas de Ekimov e Hincapié, poderosas locomotoras, serán quizá más determinantes.

La etapa la ganó, en un sprint violento y rozando lo antirreglamentario, con codazos y cabezazos, Alessandro Petacchi, melancólico italiano de ojos claros que no quería correr el Tour por miedo a fracasar después de haber ganado seis etapas en el Giro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de julio de 2003